Un fraude en toda la boca

El Estado tiene parte de responsabilidad por permitir esta carnicería de encías y de bolsillos

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El hecho de que la salud dental haya quedado casi siempre olvidada en las coberturas de la Seguridad Social ha provocado que tener la boca bien no esté al alcance de todo el mundo como sí lo está, o debería, una operación de la rodilla. Por este motivo y amparados en el pasotismo de la administración han proliferado cadenas de clínicas que son gestionadas a menudo por meros especuladores sin experiencia sanitaria. Lobos con los colmillos muy bien afilados cuyas víctimas eran jóvenes, parados, pensionistas, personas que no pueden permitirse los miles de euros que suelen costar estos tratamientos. La práctica para captarlos era la típica de los trileros: ofertas con descuentos enormes, tratamientos rápidos y milagrosos, poco tiempo para decidirse a aceptar su oferta, financiación total y luego el silencio, la chapuza o las dos cosas a la vez mediante tratamientos dejados a medias, algunas veces de forma irrecuperable.

La propia página web de iDental presume de haber atendido a 5.000 pacientes en Málaga. En España fueron más de 300.000. Los testimonios de las víctimas son todos tremendos. El sistema sanitario público, gratuito y universal se deshace en las bocas las víctimas del mayor fraude sanitario que se ha producido en nuestro país. Las declaraciones de los afectados dan para una serie de terror, como si no fuera suficiente pánico para algunos la propia visita a un dentista, de pacientes que fueron a arreglarse alguna muela y a los que le extrajeron todos los dientes sin avisarles. Otros han contraído infecciones graves. Un trabajador reconoció que no se esterilizaban bien los utensilios y que algunos contenían restos de sangre de otros pacientes. Realizaban auténticos destrozos mientras que conocidos presentadores de televisión anunciaban los tratamientos en programas de máxima audiencia. Los colegios profesionales alertaban de que aquello no tenía buena pinta. Los dentistas que trabajaron allí, que algún problema de conciencia deberían tener, dejaron de cobrar sus nóminas. Lo que llama la atención es que estas clínicas hayan podido estar operativas con total normalidad durante años. Se ha permitido la publicidad engañosa, además respecto a un tema relacionado con la salud, todo esto por supuesto prohibido de manera expresa en otros países donde estas prácticas fraudulentas serían de difícil aplicación.

iDental tenía debajo de su marca 'asistencia dental social', manejaba eslóganes como 'dentistas con corazón' y daba la impresión de venir subvencionados por algún milagroso ente público cuando en realidad la financiación era totalmente privada. El cierre por sorpresa de estas clínicas no fue motivado por inspecciones sanitarias o por una orden judicial, sino por la quiebra que a la larga se produce por la venta de humo. El Estado, con su abanico de consejerías, delegaciones y direcciones generales, tiene parte de responsabilidad al permitir la carnicería de encías y de bolsillos. No solo hubo fraude, sino ausencia de control.

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