Francia vs Croacia y viceversa

IMANOL VILLA

Se acaba. En poco más de cuarenta y ocho horas sabremos el nombre del campeón. El Mundial llega a su fin con pena para unos y alivio profundo para todos aquellos a los que el fútbol les parece un juego tonto y de borregos. Pero antes de eso, dos países están en estos momentos sumidos en un extraño estado de shock en el que, a buen seguro, hasta los difamadores del arte de balompié penden su espíritu de un hilo de incertidumbre y esperanza. Así es el fútbol. Cosa extraña que se odia y se ama al mismo tiempo, que arrastra masas y que, podrido de dinero muchas veces, nos convierte en férrea comunidad, entregada tras once tipos en pantalones cortos. Guste o no, fútbol es fútbol.

Francia y Croacia se verán las caras el domingo. La República por antonomasia frente a un pequeño e independiente país cuya historia va más lejos de lo que el común de los mortales cree. La Francia en blanco y negro, que no mestiza, habrá de medirse ante los representantes de poco más de cuatro millones de habitantes que hunden sus raíces históricas en el siglo X, cuando surgió el Reino de Croacia. No acaban, por lo tanto, de llegar a este mundo los croatas. Están en él, están en Europa, desde hace mucho, aunque sea ahora cuando hayan alcanzado una final mundialista. Para los franceses, tan educados y formados, no pasará desapercibido este dato aunque se consideren, y no sin razón, los padres de la Europa moderna, los forjadores del germen del menos malo de los sistemas. Son ellos, los revolucionarios por méritos, los republicanos más puros, los que a estas horas se creen llamados a la victoria. Sería inconcebible lo contrario. Por mucha historia rancia que puedan poseer los croatas, ellos y solo ellos son aún el centro del mundo civilizado. Sin embargo, hay que dar por sentado que en Croacia no piensen del mismo modo. Ellos también son Europa y han llegado hasta aquí para reivindicarse, no para plegarse ante el chauvinismo galo. Además, tras batir a la Pérfida Albión, su moral está por las nubes. Adiós a los hijos del 'Brexit', parecieron clamar en la victoria.

Gane Francia o Croacia, lo cierto es que, al menos en el fútbol, Europa se ha reivindicado con fuerza. Da la sensación de que no ha habido más juego que el europeo en un momento en el que el continente se debate entre la obligación y la conveniencia; entre lo correcto y lo incorrecto; entre su salvación como modelo social, político y económico, y su hundimiento en medio de las miserias y los miedos provocados por su propia incapacidad para reinventarse. Y ha sido precisamente en este escenario en el que el fútbol, de la mano de Francia y Croacia, ha llegado para salvar un poco al menos la dignidad del Viejo Continente. ¿Que es pan y circo? Seguramente sí, pero a estas horas, eso ya es más que suficiente. ¡Larga vida al vencedor! Y sensatez para vivirla, por supuesto.

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