Fiesta en el aparcamiento

Para los acreditados al Festival de Málaga, la ausencia de cócteles es una tragedia

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Deambulo por el Festival de Málaga desde que el certamen empezó a tener uso de razón y todos los años por esta época, sin que exista la excepción, recibo mensajes o llamadas preguntándome dónde es la fiesta. A menudo estas consultas son realizadas por personas que no suelen ponerse en contacto conmigo el resto del año. A esos mensajes suelo responder de una forma vaga pero sin resultar estúpido. Con evasivas. Primero porque el mensaje venía seguido por una más o menos descarada petición de la coladumbre. Y bastante tenía uno con colarse a sí mismo como para encima tener que colar a personas a las que apenas trata -no por falta de interés, sino por falta de tiempo-.

Pero es que ya no hace falta dar excusas ni mentir, porque fiestas, lo que se dice fiestas, hay pocas últimamente. No es solo que nos estemos haciendo mayores, es algo que se comenta en las barras de proximidad al festival. El resultado está siendo trágico. Frente a la dramática ausencia de eventos dedicados en exclusiva al esparcimiento de acreditados y de la fauna que lleva media vida colándose en ellos, conviene lanzar un aviso a todas las marcas y productoras implicadas en este certamen, que son las que deberían en primer caso pagar este tipo de acontecimientos. Hay que lanzar el mensaje a aquellas empresas y productoras que en los buenos tiempos nos deleitaban a razón de una o varias fiestas por día: el Festival de Málaga está ahíto de eventos sociales que alternen su densa programación cinematográfica y sus largos contratos por firmar con eventos para asueto. Patrocinadores y gentes de dinero: sigan el ejemplo de Argentina. Todos los años los argentinos ofrecen aquí un cóctel fabuloso con motivo del hermanamiento de nuestro festival con el del Mar del Plata y este año han sido fieles a su cita: dicen que en su convite, los acreditados estaban sedientos, y que se abalanzaron sobre las empanadas como si no hubieran comido nada gratuito en los últimos tres días.

En la fiesta inaugural ya se palpaba la tragedia. El encuentro consistió en una 'melange' de la cosa política y social malagueña (nada que objetar) rodeada por cuatro famosos y ambientada por una música inaudible en el Museo Automovilístico. Rodeados de coches de lujo, aquello era lo más parecido a haber estado de fiesta en el parking del Olivia Valère. Los invitados fantaseaban con que su propio funeral resultara más divertido.

Patrocinadores: la cuestión de las fiestas en los festivales no es menor, por algo son dos palabras con el mismo origen. Alfombra roja, invitados, flashes y número de litros derramados también son objeto de mesura y de negocio. En este festival muchas marcas de bebidas fuertes como el ácido han hecho aquí en el pasado unas fiestas fabulosas. Convendría que las siguieran haciendo, por el bien de los acreditados.