Faltan 16

FRANCISCO APAOLAZA

Una de las leyes del mar dice que una mano es para el hombre y otra para el barco, pero esta mañana, el barco necesita las dos. La patrullera rápida 'Río Ulla' del Servicio Marítimo de la Guardia Civil asoma por la bocana del muelle de Barbate y ofrece la daga afilada de su proa al mar de Cádiz. Comienza la reyerta. Sentimos cómo el mar golpea la crujía como un boxeador -bum-bum-bum-. Al virar, buscamos el Cabo de Trafalgar y sus acantilados, y quedan atrás las urbanizaciones de Zahara y al fondo, la silueta de los montes de África, lejanos, inaccesibles en su forma altanera de sueño truncado. De allí salió la patera que naufragó el lunes en la laja de Caños de Meca y que el mar ha convertido ya en astillas esparcidas sobre la arena. Aquel día, a las cinco de la mañana el paterista enfiló la costa y el fondo de la embarcación dio con el arrecife. Venían empapados, entumecidos, cubiertos con varias capas de ropa y debilitados por la travesía de dos días en el Estrecho, donde los temporales desesperan como una bronca de pareja. Las tenían todas para hundirse. Muchos no sabían dónde quedaba la costa y solo daban brazadas hacia la oscuridad. Algunos de los que consiguieron mantenerse a flote siguieron al paterista hasta la playa. De esos, tampoco llegaron todos.

Encontraron cuatro cadáveres. La patrullera pasó el martes junto al quinto sin verlo. Les avisaron desde el helicóptero de que a su lado, a dos aguas, flotaba uno de ellos, invisible, como una baliza de la desgracia que no se ve. Es difícil ver nada en ese mar. Localizar un cadáver a flote parece imposible. Cuesta hasta dar con los barcos pesqueros que intuimos por su corona voraz de gaviotas. Cuesta hasta mirar la hora. Lejos del Supremo, de Iglesias y de el vocerío de Altsasua, navegamos en un universo cambiante y traidor por el que transitamos golpeándonos con las cosas. Ese mundo comienza en la bocana del muelle de Barbate. Ni siquiera se intuye a sí mismo más que en la urgencia y en la herida y sin embargo está ahí, mojando, hundiendo y matando. Es el mundo de verdad. Qué otra cosa es la vida que una brazada en la noche. Llega el relevo al muelle. Sabemos entonces que el mar ha escupido cerca del naufragio el cuerpo semidesnudo de un magrebí de unos 25 años. Es el sexto muerto. Faltan 16.

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