FABRICAR EMOCIONES

Pilar Martínez
PILAR MARTÍNEZMálaga

En unos tiempos en los que se impone la digitalización y se empodera la tecnología, en turismo nadie debe olvidar el poder de las personas. El reto de la transformación digital hay que encararlo sin subestimar que esta industria es la de la felicidad, un sentimiento que se genera con la interrelación personal. Contaba días atrás un empresario, en el merecido reconocimiento del sector turístico a la labor realizada por Elías Bendodo durante sus siete años al frente de la empresa pública Turismo Costa del Sol, que la mejor recompensa al trabajo es cuando diferentes generaciones siguen fieles al establecimiento y cuando los pequeños de la casa se siguen aferrando a este profesional pidiendo quedarse un poco más cuando llega el final de las vacaciones. Son el mayor activo de esta industria: los empresarios y los empleados. Los que consiguen sacar una sonrisa al viajero, despertar sensaciones que luego se convierten en la mejor experiencia de esos días de disfrute. En un momento en que la tecnología podría suplantar tareas como las del registro en un hotel, habría que pensar en lo mucho que el viajero se puede estar perdiendo en ese primer contacto en el que sientes cómo te dan la bienvenida, consultas alguna curiosidad sobre el destino o pides un consejo a quien mejor conoce el destino. Es un primer impacto en el que también hay que pensar en la frustración que genera cuando todo está mecanizado y el sistema falla. Es hora de calibrar la importancia de la digitalización sin olvidar que la materia prima del turismo son las personas, que buscan en cada una de sus escapadas el contacto personal, que es el que despierta sentimientos, que a la postre son los que marcan el viaje. Sin duda que hay que encarar la transformación digital, pero teniendo muy presente que esta industria fabrica emociones.