Extrañas vacaciones

Mientras disfrutamos en feria, extrañas vacaciones nos rodean

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Ayer fueron rescatados sanos y salvos 67 marroquíes en Barbate pero en la playa de Barbâtre murió un joven de 21 años. El joven se encontraba en la playa francesa y quiso hacer un hoyo hondísimo y lo hizo, tanto que cabía de pie dentro de él, pero subió la marea y no le pudo salir. Hace una semana en la playa gaditana de Barbate la corriente se llevó una balsa hinchable con un niño dentro al que por desgracia no se pudo rescatar. Morimos en la playa porque todos estamos en la playa, este regalo del cielo, aunque el suelo del cielo tiene partes de cristal. La playa es un parque gratuito y mejorable: en Málaga ya tenemos varias playas con acceso para personas con discapacidad. En Seatle un trabajador de tierra del aeropuerto Seattle-Tacoma se montó en un avión con capacidad para 76 pasajeros que estaba vacío. Despegó, hizo varias acrobacias aprendidas en videojuegos, voló hasta una isla cercana y se estrelló. El sheriff del condado, que se llama Paul A. Pastor (yo también me llamo un poco Paul A., y tuve un perro pastor) ha informado de que el joven de 29 años tenía ciertas tendencias suicidas. Ciertas a lo mejor quiere decir que quería suicidarse pero solo un poco, aunque se ha muerto del todo. Es de agradecer que tomase los mandos de un avión de pasajeros que estuviese en ese momento vacío. Sus compañeros lo han descrito como un hombre callado.

En Rusia han detenido a un adolescente que buscaba el silencio. Con 14 años, caminaba hasta un lugar tranquilo donde sentarse a leer y cruzó sin querer la frontera rusa. La guardia fronteriza lo devolvió a Abjasia, consciente de la importancia de que un adolescente pretenda leer un rato. Más complicado lo tuvo en junio una francesa de 19 años que visitaba a su madre en Canadá y salió a correr. La relación con las madres hay que cuidarlas, pero hay que salir a correr de vez en cuando para continuar la relación de forma sana. La francesa corría por la orilla de la playa hasta que vio subir la marea y decidió seguir por un camino cercano, y eso que no sabía lo que le ocurriría un mes después, ayer, a un compatriota suyo en Barbâtre. Cruzó sin querer la frontera de los Estados Unidos y fue detenida. Como no iba a leer, y a pesar de que solo llevaba ropa de deporte, y que en un cercano pueblo canadiense estaba su madre, la llevaron a un centro de detención a 200 kilómetros de allí, junto al aeropuerto de Seattle-Tacoma donde un mes después un operario de tierra robaría un avión. Pasó 15 días detenida. Ahí hay una novela, o una película, pero no podrá protagonizarla Antonio Banderas, que sí podría hacer de Paul A. Pastor, o de joven callado que roba avión para suicidarse un poquito. Hay muchas coincidencias, sucesos lejanos parecen estar unidos por una red invisible, pero nosotros, en feria, no queremos darnos cuenta.

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