El éxito de la Feria de Málaga

Permite a todo el que la visita divertirse a su manera y dónde quiera, por qué limitar la hora...

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Acabada la feria, llega la hora de reflexionar sobre los motivos que esgrime el Ayuntamiento de Málaga para limitar la diversión en un Centro Histórico casi siempre a rebosar incluso más allá de las seis de la tarde, que es la hora fijada por los responsables municipales para dar por finalizada la fiesta en cuanto a música en directo en calles y plazas de este escenario natural de esparcimiento y recreo como sinónimo de un alto en el empinado camino de la rutina diaria. No hay una sola razón de peso para no permitir divertirse hasta que les venga en gana a los que acuden al Centro, ya que las excusas de la limpieza y la seguridad se caen por su propio peso. No se trata de polemizar, sino de desnudar el empecinamiento en coartar la libertad de disfrute de miles de personas que beben, comen y ríen a su antojo. No se entiende la teoría de fomentar el real en detrimento del Centro, cuando ambos son compatibles. Suena chusco comparar dos formas tan distintas de divertirse, pero a la hora de la verdad la experiencia dicta que el malagueño prefiere el casco urbano de día y el real para la noche. Y no solo los de aquí, también los visitantes.

Ahí están el ejemplo de Sara y Belén, dos gallegas enamoradas de esta ciudad, a la que visitan con asiduidad, pero que se estrenaron en feria este año y no que admiten una posible comparación; o Mireia, una cordobesa que estudió en la UMA y que en verano siempre volvía a su tierra y este año decidió conocer el real. Quedó impresionada por la dimensión del recinto ferial, por el ingente número de casetas, por la anchura de sus tres avenidas que conducen a la zona de las atracciones, a la explanada de la Juventud o al Auditorio. Estaba deslumbrada, pero tenía claro dónde disfrutar del mediodía y de la tarde, encandilada como quedó de la marcha que se vivía por el Centro convertido en foco de atracción mayor gracias a esas bandas que animan hasta la extenuación. Se podrían poner más ejemplos, pero basta con haber probado ambos remedios contra el aburrimiento para cerciorarse de que no tienen ni punto de comparación el real con el Centro. Y todo lo que sea discutir eso es confundir, sin más. Málaga tiene una de las mejores ferias del mundo porque permite a todo el que la visita divertirse a su manera y como quiera. Ese es el éxito, no nos equivoquemos. Todo lo demás sobra, incluidas las decisiones de dirigir la diversión hacia un único lugar.

Pega despedirse al hilo de la actualidad, y concluir con que, albricias, la Feria de Málaga camela, a tenor de las colas que se formaron para entrar al Auditorio y gozar del espectáculo vivido el jueves con la actuación del dúo de cuñados que hizo las delicias de 9.000 personas que acudieron para celebrar los 25 años de un éxito que los entendidos en la música no se explican, pero que la gente premia por encima de cualquier galardón o reconocimiento tarareando todas sus letras. Ahí sigue Camela, en lo más alto, un cuarto de siglo después porque contra el poder de la gente no se puede luchar. A ver si nos enteramos de una vez...