Evocaciones

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

Ha cambiado el número cardinal del año. No es ninguna noticia. Ya quedaron para siempre obsoletos los calendarios, tacos y almanaques de 2018. Hasta hace muy poco se ofrecían en venta sensiblemente rebajados pero ahora no valen ni siquiera al peso. Parece mentira que ya van a ser veinte años desde nuestra preocupación por el efecto 2000 que iba a descuajeringar todo el sistema informático y que al final pasó sin pena ni gloria. Veinte años desde la discusión sobre cuando comenzaba el siglo y el tercer milenio. Veinte años no es nada dice el tango y parece que es verdad. El año que comienza no tiene mucha chicha. No se celebra el centenario de nada extraordinario a diferencia del que nos dejó ya para siempre en que podía conmemorarse nada menos que el armisticio que detuvo el fuego de la gran guerra después conocida como primera guerra mundial cuando se desató la segunda. No hay primera sin segunda como postula el papa que se negó a pasar a la historia como Francisco I, a diferencia del rey ese que tuvimos prisionero después de Pavía. Asomándonos a lo que sucedió hace un siglo vemos que poco fue trascendental: la fundación de lo que sería el Partido Nacional Socialista, la de la Sociedad de las Naciones, tan efímera como el partido, la huelga de La Canadiense, que ya no existe, el asesinato de Emiliano Zapata que, evidentemente, tampoco, la firma del Tratado de Versalles, que sirvió para nada bueno, la inauguración del metro de Madrid, que he abordado hace un rato porque aún corre y cada día mejor. Nacieron unos cuantos personajes, Mingote, Gila, Chavela Vargas, aunque nos parezca mentira Nat King Cole, Eva Perón, el Sha y mi suegra. Varios otros nos dejaron: Leoncavallo con su Pagliacci, Carnegie no el de los manuales para ser feliz sino el filántropo, Amado Nervo, el de La amada inmóvil, Ricardo Palma, con sus Tradiciones peruanas, Renoir. Un año normal. Tampoco pasó nada tremendamente importante en 1819, ni en 1719, ni en 1619 que recuerde. Para atrás no me atrevo a aventurarme. A ver si 2019 nos resultará también algo anodino.

Lo que me ha llamado la atención es que el interés de estos días se ha centrado en lo pasado y no en el futuro. Muchos datos numéricos, el complejo pitagórico que nos invade: cuantas personas nacieron, muy pocas en comparación a los períodos anteriores, cuantas se fueron al otro barrio en número que superaba a los neonatos, mal vamos si seguimos así, cuantas fallecieron en accidentes de tráfico, cuantas fueron atropelladas, cuantos divorcios se produjeron, cuantos inmigrantes irregulares llegaron a nuestras costas, los coches que se vendieron y los que no se vendieron gracias a la ejemplar política del ministerio ese que tiene un nombre tan exótico.

En cambio, poco se dice de los proyectos, aspiraciones y metas del año que comienza. Es como si no fuese con nosotros este período que se abre. A título individual, me imagino que seguimos con el tradicional propósito de aprender inglés, adelgazar y dejar de fumar pero a nivel general no oigo otro que esperar las elecciones de mayo y suspirar porque mi primo convoque unas que le legitimen del todo. Planes, pocos y discretos porque se mantienen en sordina ya que mucho me temo que hay poquísimos que se hayan leído los 29 folios en los que se expresan los 90 puntos del pacto andaluz. Hay algunos que hasta los han estudiado porque en las redes sociales hay críticas, unas porque son demasiado ambiciosos y otras porque se quedan cortos. Y la mayor parte, porque se teme que sean vanas promesas que nunca se cumplirán ya que no fijan fechas de ejecución ni prevén la financiación oportuna. Acabar con la corrupción está muy bien y no parece demasiado difícil pero eliminar cargos no es sencillo porque el eliminado se revuelve y acude a los tribunales que suelen darles la razón. Si no me cree, vea lo que pasa en Estepona. Bajar los impuestos es lo que más atrae al electorado, aunque los que pagan los impuestos que se rebajan no son muchos, pero para hacerlo hay que encontrar otros medios para atender los gastos que son inevitables. Esperemos que no se trate solamente de buenas intenciones.

No sé cuáles son los proyectos en Marbella. Yo me contento con que pinten las farolas y las barandillas del paseo marítimo que se están oxidando. Véanlo..

No es mucho pedir, digo yo.