Qué estudiar, juego de azar

Si uno de cada tres universitarios españoles no finaliza el grado universitario en el que se matricula es evidente que tenemos un problema

Qué estudiar, juego de azar
Paco Ávila
PACO ÁVILAPresidente de MEDAC

Ya sé que el título puede parecer desproporcionado pero ya no sé cómo llamar la atención de la comunidad educativa para que tome parte en este asunto tan determinante para el futuro profesional y emocional de nuestros jóvenes. El dato que arroja el reciente estudio de la Fundación bancaria de BBVA junto con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas es muy alarmante. Si uno de cada tres universitarios españoles no finaliza el grado universitario en el que se matricula es evidente que tenemos un problema, máxime cuando observamos que este dato nos aleja de la media del resto de universidades europeas en este asunto. Vaya por delante que considero que esto de las 'medias' y los 'ranking' no deja de ser una dictadura donde se pierde mucha información relevante pero es el único dato objetivo que podemos manejar para poder compararnos.

A mi juicio, la variable principal del problema reside en que nuestros jóvenes actualmente están eligiendo itinerarios académicos con poca o ninguna información previa y, por supuesto, con cero experiencia práctica. Estamos ante un problema multifactorial, pero el hecho de que la concentración del abandono se dé principalmente en el primer año, me hace intuir que una variable clave, o al menos la que más peso discriminante tendría en el problema, es la orientación e información previa a la elección de los estudios. Además, la no finalización de estudios registra datos muy similares en Andalucía para los estudios de Bachillerato y de Formación Profesional de Grado Medio, cuestión que, a priori, se alinea con la hipótesis de que existe un problema generalizado de desinformación de los alumnos en los momentos claves de elección de sus itinerarios académicos.

No me sorprenden los datos ya que nuestro sistema educativo obliga a nuestros jóvenes a tomar con esa carencia decisiones estratégicas claves para su futuro profesional a medio y a largo plazo. Se me viene a la cabeza el acrónimo VUCA que utilizó la marina americana para explicar la toma de decisiones en ambientes de elevada incertidumbre, complejidad, ambigüedad y volatilidad. Estos dos momentos VUCA son: el momento en el que los alumnos terminan cuarto de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y tienen que decidir entre bachiller o FP de Grado medio y dentro de cada una de ellas, en qué especialización y, el segundo momento, cuando finalizan el bachiller, el momento de decidir si estudiar un grado universitario o un ciclo de FP superior y además dentro de cada línea deben decidir qué título de especialización cursar. En definitiva, llevamos a nuestros jóvenes a tomar decisiones claves para toda su vida con 16 y 18 años de edad y sin prácticamente ningún tipo de orientación laboral. No digo que esta cuestión sea la única responsable de los datos de abandono de los estudios pero parece razonable pensar que el hecho de dejarlos decidir prácticamente a ciegas sea una de la variables clave para ello.

Necesitamos hacer cambios urgentes para paliar este problema que tanto coste emocional y económico está provocando en nuestro país. Por experiencia profesional general y sectorial, sé que no debemos hacer cambios profundos y mucho menos con velocidad, pues las estructuras colapsan, tanto por las resistencias al cambio de las personas que las forman como por las necesidades materiales, económicas y humanas que inevitablemente aparecen al ejecutarlas. Pero esto no puede ser un freno para pensar que no se puede hacer nada. Creo que un primer paso podría ser que el último mes de curso, tanto para los estudiante de cuarto de la ESO como para los de segundo de Bachillerato, pudieran elegir estar como oyentes y observadores, simplemente tomando notas y pasando por todos los departamentos, en cuatro empresas en las que ellos en el momento de la elección piensan que les gustaría trabajar en un futuro. Es decir, una por semana en el sector o los sectores que decidieran visitar. Los alumnos simplemente tendrían que recoger anotaciones y presentar semanalmente sus reflexiones de lo que han visto. Las empresas no entrarían en costes directos ni indirectos pues los alumnos serían observadores y no tendrían que invertir tiempo en su formación pero, al menos, los alumnos verían la realidad de lo que ocurre en esos sectores y en esas empresas. Soy consciente de que seguiríamos estando muy alejados de la orientación y formación práctica que puede recibir un alumno irlandés para tomar decisiones parecidas o a la de asunción de responsabilidad que toma el Estado alemán en torno a las mismas, pero sería un primer paso no muy disruptivo y bastante asumible en costes materiales y humanos.

En otra línea y antes de terminar mi reflexión, quiero hacer una llamada de auxilio en torno a la forma en la que estamos gestionando los exámenes de selectividad. Por favor, que se centralicen y que sean los mismos en todas las comunidades autónomas. Una cuestión es respetar y potenciar, como no puede ser de otra manera en un país libre y democrático, la diversidad cultural de cada región, y otra muy distinta es que el nivel de complejidad, competencia y accesibilidad para los exámenes de Selectividad o de cualquier cargo público sean diferentes en cada uno de los territorios que conforman España. En definitiva, es absurdo que existan diferencias a la hora de realizar exámenes a nuestros jóvenes que tienen una transcendencia clave para competir lpor as plazas universitarias que se ofertan a nivel nacional. Y si a esta incongruencia le añadimos la cuestión de valorar y evaluar en esos exámenes el nivel hablado y escrito de las lenguas regionales, la cuestión pasa de locura a aberración digna de la sociedades más cerradas y pesimistas de la historia. Y hago este planteamiento con mucha pena, pues a pesar de que no me interesa absolutamente nada la política cuando hablamos de gestionar y optimizar el sector más estratégico para un país, la Educación, estoy seguro de que más tarde que pronto llegarán los pintores políticos a colocar mi reflexión dentro de una de las dos Españas, haciéndonos nuevamente creer que son mucho más grandes que la tercera, la libre y democrática, tal y como explicó de forma certera y magistral el gran periodista y escritor Manuel Chaves Nogales.

Les deseo mucha suerte en la elección de los estudios para todos nuestros jóvenes y un buen camino, pues son la generación más capacitada y adaptada para enfrentarse y competir en el nuevo ecosistema generado por la velocidad de las innovaciones y la accesibilidad a la información.