UN ESTILO DE VIDA EN RIESGO

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Los últimos acontecimientos violentos ocurridos en la Costa del Sol son una seria llamada de atención sobre los riesgos de que grupos de narcotraficantes se instalen definitivamente -si no lo han hecho ya- en el entorno de Marbella y Estepona, lejos de la presión policial que supone el Campo de Gibraltar y con mejores condiciones de vida. Los sucesivos ajustes de cuentas entre bandas organizadas, con crímenes y asesinatos a plena luz del día y con métodos nunca vistos por su extraordinaria agresividad, deben llamar a la reflexión a las autoridades. La Costa del Sol, como cualquier destino turístico, es muy sensible a este tipo de sucesos y de noticias, pero ello no puede significar ni que se oculte la realidad ni que se exija a los responsables políticos medidas reales y efectivas para poner coto a un problema especialmente grave.

Asesinatos en plena calle, tiroteos, torturas, secuestros, coches bombas y explosivos se están convirtiendo en acciones habituales ante el estupor de los ciudadanos que observan cómo, lejos de visualizarse la presencia policial, la impresión es que las bandas criminales campan a sus anchas. Los cuerpos policiales están realizando un trabajo ejemplar, pero es evidente la falta de medios y efectivos para luchar contra el crimen organizado. Y la única solución pasa por decisiones políticas que permitan desarrollar un plan integral para evitar que tanto el Campo de Gibraltar como la Costa del Sol se consolide como centro de operaciones del crimen organizado y la entrada de droga hacia Europa.

Las administraciones públicas nos tienen acostumbrados a esconder la cabeza y a ser incapaces de ponerse de acuerdo en asuntos trascendentales, como se observa recientemente con las migraciones con destino a Europa y concretamente con la entrada de inmigrantes en Malaga, muchos de ellos menores, a través de las aguas del Estrecho. Que centenares de personas tuvieran que pasar casi 12 horas sin poder desembarcar en el puerto por no disponer de un espacio, es la demostración de la inoperancia administrativa. Vale que nuestros representantes públicos no se pongan de acuerdo para acometer proyectos como el saneamiento integral de la Costa del Sol, el metro de Málaga o el proyecto del Guadalmedina, por poner solo unos ejemplos, pero adquiere la consideración de irresponsabilidad que no alcancen a valorar la urgencia y necesidad de tomar conciencia del grave problema que supone el asentamiento del crimen organizado y especialmente del tráfico de drogas.

Hay que salir del infinito bucle político en el que los partidos políticos andan inmersos, solo preocupados de sus encuestas, sus estrategias y sus partidos, para poder buscar soluciones a problemas que van a afectar a nuestro estilo de vida. Además de la delincuencia, nuestras ciudades piden a gritos planes estratégicos ante los problemas de movilidad, del tráfico, de la masificación en los centros históricos, de pobreza energética, de gestión de la inmigración, de la gentrificacion, de la precariedad laboral o el desempleo juvenil. Es decir, cosas realmente importantes frente la intrascendencia de los juegos de tronos de nuestros políticos.

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