En España hay demasiados españoles

Con la turismofobia invertida son los turistas los que temen a los habitantes, y no al revés

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Lo del titular de esta columna no es mío porque a veces es un ser extraño el que te señala el camino y te invita a hablar. Nuestra heroína de hoy es una ciudadana de un lugar inexacto de Mánchester que responde al nombre de Freda Jackson. No puede negarse que solo el nombre ya engancha. Doña Freda, o la señora Jackson, tiene 81 años pero la verdad es que no los aparenta. Como cualquier turística británica media, es pensionista y tiene tiempo libre. Alguien debería aclarar la afición de toda esta gente de gastarse el dinero de las pensiones y de las pagas en vivir en otro país. Los hay que solo vuelven a sus ciudades para cobrar. A mí no me parece bien ni mal porque no nos afecta su picaresca. Es más, nos beneficia que se lo gasten aquí, en una forma ociosa de fuga de capitales.

El caso es que Freda Jackson decidió irse de vacaciones a Benidorm «con una amiga de 61 años» y bajo las recomendaciones de una agencia de viajes, que le cobró a las dos 1.268 euros. Ahora, ya a toro pasado, las veraneantes exigen la devolución de ese dinero. Las vacaciones para ellas terminaron siendo un cuadro. Su gran problema fue que había demasiados españoles. Ellas se referían a 'spaniards', que en contra de lo que se piensa solo es despectivo si lleva el 'bloody' delante o si se pronuncia con sarcasmo. En su declaración, dos joyas: «El hotel estaba lleno de turistas españoles y nos sacaban de los nervios porque eran muy groseros. Una tarde un español casi me noquea y se marchó sin ni siquiera pedirme disculpas». Ahí es nada. «El entretenimiento del hotel estaba enfocado y atendido por españoles. ¿Por qué no pueden irse a otro sitio de vacaciones?». Una gran pregunta.

La teoría loca de que uno no puede irse de vacaciones a su propio país le viene a Freda Jackson pegada en sus entrañas desde pequeñita, que es cuando se adquieren las sociopatías. De paso, Freda practica una suerte de 'turismofobia invertida' mediante la cual son los turistas los que temen a los habitantes, y no al revés. Por otra parte, hay un espíritu colonialista que parece no conocer límites. No es por generalizar, pero en la Costa hay unos 50.000 y en algunas calles de Benalmádena o de Mijas no se escucha el castellano. Cientos de británicos se regodean a su bola en las terrazas colorados por el sol y atizados por la impresión de poderse pimplar pintas a un euro. Los efectos del 'Brexit' no se han dejado notar. La agencia de viajes ya le ha ofrecido a Freda devolverle la mitad del viaje. Ella reclama el 100%. También le podrían dar otro viaje para que vuelva a España con la amiga. En ese caso, le recomiendo que se venga a la Costa. Es la gente como ella la que crea puestos de trabajo. Ya mismo conseguirán una invasión mediante hojas de reclamaciones.

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