ESCARMENTADOS

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Han sido muchas las razones por las que se ha producido este vuelco electoral en Andalucía. Habrá tiempo de profundizar en ellas, pero vienen a la cabeza algunas que considero de peso. La ciudadanía llevaba tiempo dando muestras de hartazgo, de cansancio por la situación actual. La economía no termina de tirar hacia arriba; la presión fiscal es muy grande; la sanidad es un verdadero problema, sobre todo en cuanto a la lista de espera; la política nacional sigue empeñada en agudizar el desprestigio de los políticos, con espectáculos vergonzantes en el Congreso de los Diputados; el desprecio a todo lo español y a la propia España es cada vez mayor desde Cataluña sin que los gobiernos de Rajoy, antes, y de Pedro Sánchez, ahora, hayan hecho nada para remediarlo; la falta de pudor de los políticos ante el incumplimiento de promesas o compromisos es ciertamente llamativo; el PSOE se está desmoronando porque a lo único que juega es a mantener a Pedro Sánchez en el poder, etc. Es decir, el ciudadano estaba realmente cabreado y lo tenía que pagar con alguien en las elecciones andaluzas.

A ello hay que sumar la trayectoria política de Susana Díaz, demasiado centrada en sus luchas de poder más que en la gestión. Ya lo advertíamos en esta carta hace dos semanas: corría el riesgo de llegar desfondada y llegó a los últimos días como esos maratonianos absolutamente agotados. Susana Díaz lo fió todo a su marca personal y perdió.

Y el enfado de la ciudadanía se tradujo en no ir a votar, en castigar a los partidos tradicionales (PSOE y PP), especialmente al que gobernaba, y en apoyar a Vox para dar un escarmiento. Que no olvide el PP que también ha sufrido un voto de castigo. Y ese potaje andaluz tuvo como resultado aritmético un giro a la derecha que con casi toda seguridad despojará a Díaz de su sillón presidencial y pondrá a Moreno Bonilla al frente de San Telmo.

Pero ese enfado no ha terminado. Cuanto más se insulte y se menosprecie al votante de Vox más fuerte se va a hacer y más seguidores va a tener. El programa de esta noche de 'Salvados' será, con toda probabilidad, la mayor y más efectiva campaña de Vox. El partido de Abascal no gana adeptos tanto por su ideología como por servir de desahogo. Se crea o no se quiera creer.

Por eso el PP de Juanma Moreno y el Ciudadanos de Juan Marín deben tener cuidado en no reinterpretar la realidad de las elecciones. Si Marín cae en la tentación de algún cambalache para sentarse en San Telmo puede ser su tumba política. Y Moreno Bonilla tiene ante sí la obligación de generar los consensos necesarios y de construir un equipo y un modelo de gestión capaz de cumplir lo prometido (bajada de impuestos, mejora de la sanidad, impulso de la industria), porque de lo contrario será flor de un día. El electorado no está para bromas.

Quizá la mayor enseñanza del 2-D es que los ciudadanos están muy cansados de sus políticos y están dispuestos a todo para darles un aviso. Sólo quieren que se les diga la verdad y que se cumpla con lo prometido. Y sobre todo que no se les trate como tontos. Ya están muy escarmentados.

 

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