El escaño 106

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Con la muerte de Antonio Garrido el Parlamento andaluz pierde quizás a su diputado más culto, dicho esto sin ánimo de ofender a nadie. Garrido era una 'rara avis' en las Cinco Llagas en estos tiempos en los que los políticos triunfan más por su verbo afilado que por su acervo de conocimientos. Garrido tenía ambas cualidades, lo cual no es frecuente en las cámaras parlamentarias. El desprestigio de la política llevó a las personas de su preparación y nivel cultural a alejarse de ellas. A muchas de estas personas le es más fácil mirar a los políticos por encima del hombro desde la altura de sus cátedras, igual llegan a asesorarles como un favor, pero pocas veces se prestan a bajar al cartel electoral.

Su mérito era aún mayor por cuanto su trabajo parlamentario lo ha hecho desde la oposición, desde un partido, el PP, eterno aspirante a gobernar. Todos los que le conocíamos en la política parlamentaria sabemos de su aspiración por llegar a consejero de Cultura si su partido ganaba las elecciones. Javier Arenas lo tenía in mente cuando estuvo a punto de conquistar la Junta en 2012. Estoy segura que lo hubiera hecho muy bien.

Garrido no tiró la toalla. Siguió dando la cara por la Cultura con mayúscula desde su escaño asignado, el 106. Y en cada comisión allí estaba estoico, con su pajarita y chaquetas de colores caramelo, defendiendo propuestas a sabiendas de que muchas iban a la nube de rechazos por la mayoría parlamentaria. Otras muchas veces logró apoyos unánimes de todos los partidos, como la última proposición no de ley que defendió para que se arreglasen las filtraciones y goteras de la catedral de Málaga.

El Parlamento andaluz pierde a su mejor guía, quizás a su único guía. Conocía la historia del viejo hospital como si hubiera estado en el tiempo en que se comenzó a construir en 1546 y como si Hernán Ruiz II, uno de sus arquitectos, le hubiera contado los secretos de los diez patios (se quedaron en ocho) y del refinado renacimiento de sus torres, fachadas e iglesia. Creo, sinceramente, que una de las razones por las que le gustaba ser diputado era por el maravilloso edificio que alberga el Parlamento de Andalucía. Ahora igual vuelve alguna vez como Sor Úrsula, la monja cuya leyenda fantasmal él me contó.

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