Error e irrealidad del PIB

El invento de hace 80 años de Kuznets parece que necesita de un sustituto más eficiente en un mundo claramente diferente

Error e irrealidad del PIB
Pedro Marín Cots
PEDRO MARÍN COTSEconomista y director del OMAU

Durante el proceso de redacción de la Agenda Urbana de Málaga en 2015 se puso en cuestión la procedencia de utilizar el producto interior bruto (PIB) como indicador del crecimiento económico y más aún como instrumento para valorar la calidad de vida, situación que se ha repetido durante la actual elaboración del Plan del Clima, donde las proyecciones empleadas para 2030 y 2050 de actividad económica y su impacto sobre el cambio climático dudosamente se pueden emparentar con la evolución del PIB.

Naciones Unidas hace ya un tiempo que ha puesto en cuestión la forma de medir la actividad económica que se inició por la petición del presidente Roosevelt de cuantificar el descalabro de la economía norteamericana durante la gran depresión. Simon Kuznets fue el encargado de elaborar un sistema de evaluación de la actividad económica a través de los diferentes sectores a través de muestreos que presentó en 1934 mostrando que la economía se había contraído un 50% como consecuencia de la recesión.

El sistema contabilizaba el valor que tenían los productos y servicios que había producido el conjunto de la economía, restando los procesos intermedios para evitar una doble suma. Se llamaba interior porque era el producido en el ámbito interno del país, lo que excluía la producción en otros países que en aquella época era intrascendente.

El nuevo indicador que se popularizo rápidamente en los principales países desarrollados parecía un instrumento más poderoso que la forma de medir la economía que se empleaba en años anteriores como la evolución del índice bursátil o el número de vagones de carga transportados por tren. Sin embargo, no tenia en cuenta las deseconomías o el trabajo no remunerado o voluntario.

Accidentes ambientales como el derivado del naufragio del Prestige o las lluvias torrenciales caídas en otoño de 2018 en Málaga suponen una actividad económica en maquinaria y en trabajos para recuperar el ecosistema marítimo o carreteras, puentes o colegios destruidos. Ello significa en la contabilidad aumentar el PIB, aunque en realidad suponga un deterioro del nivel de riqueza del litoral gallego o de las ciudades malagueñas afectadas.

Como sucede a menudo las correcciones que Kuznets consideraba inherentes al PIB para que reflejara el nivel de calidad de vida y el bienestar de una sociedad, y no solamente lo que el consideraba una simple suma vulgar de toda actividad, como señala David Pilling en 'El delirio del crecimiento' fueron obviados por los responsables políticos norteamericanos que consideraron más mediático el sistema de 'todo suma'.

No solo las deseconomías restan valor al concepto del PIB, el propio sistema de contabilización por muestreo puede tener errores muy importantes, al igual que los realizados en el censo de población o en encuestas electorales, y sobre todo en una economía como la actual que ya no es eminentemente productiva de materiales tangibles como lo eran en los años cuarenta, sino digitales y abstractos.

Una gran parte de la actividad económica que hoy realizamos no utiliza servicios intermediarios. Si reservamos un vuelo por internet, imprimimos la tarjeta de embarque y las propias etiquetas de las maletas que personalmente introducimos en las cintas transportadoras para su embarque, no estamos utilizando el personal de servicio que hace años empleábamos. Cómo se mide ese coste de actividad que ahora es habitual y que no forma parte del PIB. Evidentemente es un menor coste para la compañía aérea que se puede reflejar en menores precios de vuelo o en mayores dividendos para los accionistas.

De forma similar si alquilamos una vivienda por Airbnb no utilizamos más que nuestro tiempo, y si no fuese por la obligación que ha impuesto la Agencia Tributaria de señalar la actividad económica, una gran parte de este mercado emergente no estaría contabilizado en el PIB, como no lo esta el gran porcentaje de la economía sumergida, que en España se estima entre un 20-25%.

En algunos países se han realizado evaluaciones de lo que suponía la actividad económica dependiente de la prostitución o de las drogas actualmente ilegales (lo que varia según países), y los resultados obtenidos, posiblemente tan inexactos como el propio PIB, han supuesto porcentajes de actividad considerables.

Si además pensamos en el trabajo doméstico no remunerado, limpiar una casa, comprar y hacer la comida y un largo etcétera, el valor real sería una actividad económica formidable que el PIB no contempla.

La acumulación de errores de bulto al enumerar algunos factores como los que señalo como ejemplo haría necesario reconsiderar otros métodos de calculo más sensibles con la realidad del siglo XXI. Pero resulta que el PIB también es engañoso como medio de comparar los niveles de vida como se empeñan la mayor parte de instituciones o agencias económicas o financieras.

El supuesto crecimiento del PIB no tiene por qué significar que toda la sociedad se ve beneficiada de ello. Todo lo contrario, estamos asistiendo, sobre todo desde la recesión de 2008, a una distribución cada vez más desigual de la renta que se genera en España, en Estados Unidos o en Francia, entre otros países.

Como señalaba Thomas Piketty en 'El Capital en el siglo XXI', los salarios medios llevan estancados varias décadas en algunos países occidentales en relación con la capacidad de compra, frente a un aumento considerable de las remuneraciones de los altos niveles de la industria y los servicios.

El invento de hace 80 años de Kuznets ideado como un instrumento de conocimiento de la realidad para desarrollar políticas económicas coherentes parece que necesita de un substituto más eficiente en un mundo claramente diferente, pero que se resiste o no quiere comprender el entorno actual.