Enterradores pasivos en bañador

Tanto muerto flotando nos deja sin traer el verano

JESÚS NIETO JURADO

El mar va devolviendo cadáveres y cifras y mensajes de que nos hemos olvidado de la condición de ser hombres. Hay saturación de muertes en la frontera azul y Alborán; y el mar, sí, el mar, es la medida de nuestras vergüenzas. Ha habido el primer baño, la nata, la medusa, el niñato con la moto de agua y mucho más al borde de este cementerio, el Mediterráneo, donde Occidente muestra sus vergüenzas.

El Estrecho es amplio, una boca de muerte, que empieza un poco más adelante de donde acaba la boya donde nadamos los días de sol. Han detenido al Castaña al pie de una columna de Hércules, pero ésa no debe ser la noticia, y sin embargo lo ha sido un rato por cuanto aquí nos hemos vuelto carne de Netflix. Y nos hemos acostumbrado a que cada rescate y cada notificación de desaparecidos sea algo normal: un parte informativo que nos suena extranjero aunque ocurra a nuestra verita.

El mar viene a devolvernos a la orilla o en su pátina azul una 'verdad verdadera': somos frontera y nos preocupamos por las bravatas del Quim Torra. Es el cortoplacismo del Ser Humano, y quizá intuir este cortoplacismo sea un signo de avance; una rara flor crecida entre las miasmas. Pienso en los héroes de Salvamento Marítimo, los comparo con los Mossos, y se me caen los palos del sombrajo.

Y pienso en el mar ahora que lo veo en estas noches de insomnio, y vuelvo a recordar que la tragedia está ahí delante, en ese horizonte donde a veces adivinamos el perfil montuno de la morería. Veo cómo se actualiza la contabilidad de los náufragos y casi que me duele verme en cierta inopia sentimental.

Sobrevivimos, sí, pero tanto muerto flotando nos deja sin traer el verano. Después lloro en lo concreto, pero la estadística de ahogados deviene en una cifra más a la que el alma lectora se ha acostumbrado con no sé qué condescendencia burguesa. Se arreglan las playas tras los temporales, sí, pero falta arena y faltan muchas vidas, y hemos dado por normal lo que perdemos de Humanidad: probablemente por poder soportar la conciencia.

Desde el mirador de El Blapo, o desde la punta del San Antón, o desde la curva del Teleférico, la vista miope del primer mundo adivina corrientes y delfines, y quizá lo que creamos un delfín sea una lancha camino a ninguna parte. Han puesto un ministro astronauta, y aquí al lado las noches de luna son noches de muerte.

Humildemente no sé qué puedo hacer como ciudadano de base y como autónomo puteado. Del nuevo Gobierno y de las cuotas hablaré otro día, que hay cosas más urgentes que cantarle a Bego/Pdr sus aciertos y desacordes. Sucede que empiezo a cansarme de ser Hombre, de enterrador pasivo viendo el mar. Sucede que me canso de no saber a quién reclamar las penas por tanto ahogado. Ahora que escribo, cuatro inmigrantes han muerto en esta tumba del viejo mar. La cifra aumenta y cada vez más se me queda cara de enterrador pasivo.

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