El enorme Shyamalan

JUAN GÓMEZ-JURADO

Salgo del cine de ver por segunda vez Glass, la conclusión de la trilogía superheróica de M. Night Shyamalan, y hago lo de siempre. Ponerme a leer las críticas. Normalmente lo hago con precaución, pero esta vez he tenido que ponerme un casco.

Los señores muy mayores y muy serios, que crecieron con Murnau y acompañaron sus primeros orgasmos de adolescencia a golpe de Truffaut, Cocteau y Bergman, tienen una idea bastante clara de lo que es el cine. El cine es, concretamente, lo que a ellos les provoca un -cada vez más infrecuente- estremecimiento en sus retinas cansadas. Léase ingles.

No sé quién es el Bergman de los tiempos modernos, pero tengo muy claro que a Paul Thomas Anderson no le hubieran producido la Paramount Pozos de ambición de no haber nadado en dinero por aquella época gracias a coproducciones de cine de superhéroes. La triste realidad que todo señor muy mayor y muy serio pretende ignorar con el argumento de la «saturación» es que las películas muy buenas las vemos muy pocas personas. E incluso de esos, muchos sin pagar. La triste realidad es que una película de superhéroes no ocupa el hueco de otras producciones más pequeñas, entre otras cosas porque esas otras producciones no generarían el interés que genera Marvel en el público que el cine más desesperadamente necesita: el de los jóvenes y adolescentes. Sí, en La Favorita o en Tiempo Después hay mucho más cine que en Vengadores, cine de calidad. Pero el señor muy mayor y muy serio, que va al cine los miércoles por la mañana en las oficinas de la distribuidora, tendría que darse una vuelta por las colas de un multicine de Collado Villalba para comprender la parte de negocio que nunca tiene presente en las palabras 'show business'.

No existe como tal el género de superhéroes, pues nada tiene que ver una historia de mafia, poder y venganza como El caballero oscuro con una comedia desatada como Guardianes de la Galaxia. Solo por el hecho de partir de las páginas de un tebeo no procede encasillar un producto en un género, al igual que no es lo mismo La Lista de Schindler que El Diario de Bridget Jones, y a nadie en su sano juicio se le ocurriría hablar de saturación de películas basadas en libros. Y, sin embargo, hay críticos que se permiten hablar de que Shyamalan (al que odian, porque no comprenden, porque es mucho más grande que ellos) no solo se ha rendido a la saturación del cine superheróico, sino que insinúan que ni siquiera eso ha sabido hacer bien. Como si no hubiera él puesto las primera piedras del género con El Protegido, les hubiera pillado con el pie cambiado en Split y haya dado ahora la que quizás sea la más magistral lección de puesta en escena que hemos visto en esta década. No hay mal más terrible en el pensamiento del siglo XXI que el prejuicio y la expectativa. O en la predominante ausencia de pensamiento, en resumidas cuentas.