Un enfermero de atención primaria

Me gustaría que en este siglo XXI los enfermeros seamos vistos como personal sanitario que forma parte de un equipo y que se entienda que hace ya 39 años que dejamos de ser 'ayudantes técnicos'

ALFONSO GARCÍA GUERREROENFERMERO, DOCTOR EN ENFERMERÍA POR LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA Y PROFESOR ASOCIADO

La reforma de la Atención Primaria, hace ya más de tres décadas, transformó la forma de trabajar de los antiguos ambulatorios: el trabajo de la enfermera se desarrollaba en dos tipos de atención: en la consulta del médico tomando constantes y rellenando recetas y demás tareas burocráticas, y por otro lado, en consultas cada dos horas de tareas delegadas, es decir inyectables y curas; además de las mismas tareas en domicilio. La responsabilidad del centro recaía en una enfermera jefe que controlaba el trabajo de médicos, enfermeras y personal administrativo; además era la encargada de toda la logística necesaria para su funcionamiento.

Con la apertura de los centros de salud, el trabajo enfermero cambia, pasando a ser más autónomo: aparecen las consultas de crónicos y programas como el de vacunación, salud escolar, visitas domiciliarias de seguimiento, dispensación de metadona..., además de las tareas delegadas de órdenes médicas, conocidas como servicios comunes, es decir inyectables, curas y extracciones sanguíneas. Los equipos de dirección de los centros también cambiaron, apareciendo la figura del director, que podía ser médico o enfermero, y la del adjunto de enfermería. Este último es el encargado de la logística y funcionamiento del centro, además de la organización de los servicios de enfermería.

Desde esos comienzos hasta ahora, han ocurrido muchos cambios en los centros, que ahora son unidades de gestión clínica, donde el personal de enfermería tiene autonomía y trabajo independiente, pero sigue siendo bastante invisible para la sociedad en general. Después de llevar 29 años trabajando en la Atención Primaria sigo con la sensación de no ser visible para la población que atiendo, para muchos pacientes seguimos siendo practicantes o ATS.

Nuestros estudios actuales son de grado y muchos de nosotros hemos llegado al máximo grado académico: somos doctores en enfermería, en mi caso por la Universidad de Málaga, grado no reconocido por mi empresa, el SAS.

Nuestro servicio sanitario público ha tardado 28 años en reconocerme un cupo de población a la que atiendo y, aún ahora, la estadística de muchas medidas de mi trabajo hay que pedirlas a nombre del médico que tenía asignado en el cupo y, por supuesto, no se reconoce el pago por tarjeta sanitaria de la misma forma en que se reconoce a los médicos. Durante bastante tiempo, hasta el año pasado, cada aumento de plantilla médica no ha supuesto un aumento de plantilla enfermera, habiendo estado bastantes años con una disparidad de 2-3 enfermeras menos que médicos en los centros de salud, asumiendo éstas los pacientes de esos cupos de más, junto con los pacientes pediátricos, que siguen sin tener enfermero asignado para su atención. Esto no ha significado ninguna merma en el trabajo diario, ni ningún otro profesional ha hecho nuestro trabajo, como pueden comentar otros estamentos sanitarios o sus representantes.

La asignación de consultas en los centros es bastante dispar en relación a los otros profesionales sanitarios: 19 médicos tienen 17 consultas y 17 enfermeros tienen 4 consultas donde atienden a su población asignada, teniendo que cambiar hasta tres veces de consulta a lo largo de la semana, con los consiguientes trastornos de ubicación para los pacientes del cupo.

Aunque existe la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria, no está reconocida para el trabajo en los centros de salud, ni siquiera se ha convocado el proceso extraordinario para su consecución. Los especialistas ya formados trabajan en cualquier servicio hospitalario. ¿Para qué sirve el gasto de dos años de formación y especialización de estos enfermeros? En mi trabajo diario, atiendo a mis pacientes desde el nacimiento hasta su fallecimiento y a sus familiares después de este último momento, en el duelo. Hago seguimiento de pacientes crónicos (diabéticos, hipertensos, enfermos pulmonares, seguimiento de anticoagulación oral, cuidados paliativos, etcétera) en el centro y domicilio.

Atiendo, basándome en protocolos, guías de práctica clínica y enfermería basada en la evidencia, las consultas de curas, de prescripción de productos sanitarios, solicitud de analíticas. Realizo captación de vacunas, salud escolar, educación terapéutica para deshabituación tabáquica, consultas de sexualidad juvenil, campañas de vacunación temporales, consejo dietético, programa de atención a la obesidad infantil, atención a paliativos, etcétera. Tareas todas que, generalmente, realizan las enfermeras de atención primaria. Todo ello en mi consulta, compartida, con un tiempo limitado, porque también hay que salir a los domicilios y realizar otras tareas, como extracciones, urgencias o cirugía menor.

En 2003 se personalizaron las consultas de enfermería y el año pasado, 16 años después, por fin se lograba pedir cita para enfermería a través de Salud Responde o Internet. Aún así, hoy en día, en el siglo XXI, hay personas que piensan que para acudir a mi consulta tienen que ser derivados por el médico de familia. Me gustaría que en este siglo XXI seamos vistos como personal sanitario que forma parte de un equipo, tanto por la población que atendemos como por una gran parte de los profesionales sanitarios que forman parte de la organización, y que merezcamos la misma consideración en cuanto a espacios de trabajo, subidas salariales, exclusividades, horarios, etc. Y sobre todo que se entienda que hace ya 39 años que dejamos de ser 'ayudantes técnicos'.

Nuestros egresados en enfermería tienen una importante consideración en Europa por su magnífica preparación. No seamos menos nosotros mismos.