Emprender: lecciones de nuestra gran crisis

Es necesario subrayar que el nivel de desarrollo económico de un país depende de su capacidad para poner en marcha proyectos empresariales en un entorno competitivo

FRANCISCO MORENO MORENO /ABOGADO Y ECONOMISTA

El pasado mes de agosto se cumplió el décimo aniversario del inicio de la mayor crisis económica internacional desde el crash de la Bolsa de Nueva York de octubre de 1927. La gran crisis del 2007, cuyo origen fue de carácter financiero, surgió como consecuencia de los excesos cometidos en la década anterior por todos los agentes económicos, afectando en los años posteriores dramáticamente a la economía española. La carrera sin límite por el crecimiento llevó a la mayor parte de la sociedad a un endeudamiento sin parangón en la reciente historia económica. El hito más importante de ese período lo constituyó la caída de Lehman Brothers en septiembre 2008, el banco de inversión más antiguo de los Estados Unidos.

Si algo positivo ha tenido este trance es posiblemente el análisis que todos nos hemos visto obligados a realizar acerca de cuáles fueron los errores cometidos, y, por consiguiente, qué lecciones sacamos para que esta situación no se vuelva a repetir. En cualquier caso, este inevitable cambio de actitud que todos los agentes económicos han tenido que asumir en su día a día debe significar una apuesta real y decidida por un crecimiento económico equilibrado y sostenible. En este nuevo escenario, el papel del empresariado es hoy por hoy más importante que nunca.

En este sentido, es necesario subrayar que el nivel de desarrollo económico de un país depende de su capacidad para poner en marcha proyectos empresariales en un entorno competitivo. En los últimos cuarenta años, un factor clave para el reconocimiento e incorporación de España al grupo de países desarrollados ha sido la proyección internacional de muchas de nuestras grandes empresas. De ahí que la internacionalización, la innovación y la continua profesionalización de los empresarios españoles constituyan las bases sobre las que debe apoyarse una recuperación económica que permita superar la dureza de un período de ajuste como el que aún estamos viviendo.

En este contexto de recuperación en el que hoy nos encontramos, creo oportuno hacer una reflexión personal acerca de algunos errores que es recomendable evitar si queremos afrontar el futuro en un mejor estado de salud económico-financiera.

1.-En primer lugar, emprender un negocio, una empresa, no es fácil y no está al alcance de todos. Es necesario estar dispuesto a aprender continuamente, y esto siempre cuesta esfuerzo, tiempo y dinero. En estos últimos diez años, gran parte de los procesos que afectan a las empresas han experimentado grandes cambios, desde los métodos de producir bienes y servicios, la comunicación con los clientes y los proveedores, el marketing, hasta la forma de relacionarse con las entidades financieras y la Administración. En este marco de cambio continuo, la transformación digital en la que estamos todos inmersos requiere estar en una actitud de alerta y de aprendizaje permanentes. La formación continua y la apuesta por el conocimiento como herramientas de progreso, tanto para el empresario como para sus colaboradores, son absolutamente imprescindibles y no se pueden dejar para más tarde.

2.-En segundo lugar, no se debe infradotar financieramente cualquier proyecto. Hay ciertas recomendaciones que siempre conviene tener presentes, como son: no cargarse de deudas a corto plazo, el inmovilizado debe financiarse mayoritariamente con recursos propios y el fondo de maniobra con deuda a largo plazo. Y siempre hay que procurar tener alternativas para hacer frente a cualquier imprevisto.

3.-En tercer lugar, contrariamente a lo que algunos creen, crecer en facturación no siempre es bueno. Este error ha sido determinante para la quiebra de muchas empresas.

4.-En cuarto lugar, crecer en rentabilidad siempre es positivo, esto es, el beneficio operativo debe ser la guía principal de toda gestión que se precie.

5.-En quinto lugar, los desequilibrios entre facturación y rentabilidad suelen estar en los costes implícitos de mantener un mayor nivel de existencias de lo necesario, tener un nivel muy alto de clientes por cobrar o incurrir en costes fijos no necesarios. Más pronto que tarde, estas circunstancias generarán tensiones de tesorería, que si no se remedian a tiempo dificultarán la continuidad de la empresa.

6.-En sexto lugar, un error muy común es confundir generación de recursos y caja. El cash-flow y la caja generada por las operaciones son conceptos diferentes que requieren un análisis de las necesidades de cada empresa en función a sus características particulares y sectoriales.

7.-En séptimo lugar, en muchos casos existe una errónea tentación por el volumen. Se pueden acometer grandes operaciones siempre y cuando no impliquen asumir riesgos desproporcionados, y, muy importante, que sean rentables y seguras en el cobro. Hay que tener siempre como base estable del negocio las operaciones minoristas.

8.-En octavo lugar, deben diferenciarse con claridad costes fijos y variables. Los costes variables se miden por unidad de productos, los costes fijos se evalúan para un plazo y volumen. Los costes fijos a la larga suelen variar, generalmente al alza.

9.-En noveno lugar, la previsión de cobros y pagos debe estar planificada con la suficiente antelación, al objeto de evitar en la medida de lo posible desajustes que puedan llevar a un incumplimiento de las obligaciones.

10.-En décimo lugar, hay que tener muy claro que especulación, negocio y empresa son actividades diferentes y tienen reglas de juego distintas en lo económico y en lo financiero.

Independientemente de que esta crisis ha podido significar un antes y un después a la hora de hacer empresa, a modo de conclusión creo importante significar que siempre conviene negociar con una visión a medio y largo plazo, con transparencia, generando confianza, manteniendo como base de cualquier situación, sea ésta más o menos favorable, principios éticos que constituyen los pilares de todo comportamiento en cualquier circunstancia. De lo contrario, la empresa tendrá un futuro complicado.

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