Emilio, 23 semanas

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

La historia que pudimos leer en SUR el pasado domingo, contada por Ana Pérez-Bryan, es de esas que, además de suponer una reconciliación con la especie humana, pone en valor el trabajo de la sanidad pública cuando se trata de atender casos complicados, casi imposibles. Emilio nació en la semana 23 de gestación y solo pesó 510 gramos; cuando su padre lo cogió cabía entero en la palma de su mano. En esos primeros momentos, las posibilidades de que el bebé superara su prematuridad eran muy inciertas y, en caso de sobrevivir, había un riesgo muy elevado de que sufriera secuelas importantes. En los más de 130 días que permaneció ingresado en una incubadora de la unidad de neonatología del Hospital Materno Infantil de Málaga, la vida abrazó a Emilio con instinto maternal. La fortaleza y las ganas de salir adelante del pequeño, unidas a los cuidados continuos y al esfuerzo denodado de los profesionales que lo atendieron, permitieron dar de lado a las ominosas perspectivas que hicieron temer por un desenlace fatal. Los avances de la neonatología favorecen que sobrevivan niños prematuros que hace unos años no tenían ninguna opción de subsistencia. El caso de Emilio confirma que el Materno Infantil cuenta con unos magníficos profesionales, gente que se vuelca en la atención de los neonatos y que lleva a cabo todo lo que está en su mano y un poco más para que ninguna vida que está empezando se tuerza cuando tiene todo el camino por delante. Y eso que se enfrentan no solo a las dificultades de salvar a bebés de escaso peso, que han nacido mucho antes de lo previsto, sino también a recortes y carencias que obstaculizan su labor.

Toda moneda tiene una cara y una cruz. La cara es que Emilio está vivo y sin secuelas; la cruz, la falta de personal de enfermería que padece la unidad de neonatología del Materno, en la que hay 21 incubadoras disponibles, pero solo pueden prestar servicio 18 como máximo a causa de la escasez de enfermeras. De hecho, cuando hay 15 pequeños ingresados no se acepta a recién nacidos de fuera de la provincia de Málaga. Es sencillamente lamentable que una unidad que obra 'milagros' se vea en la tesitura de rechazar el ingreso de un prematuro que necesita asistencia porque no hay suficientes profesionales para cuidarlo. El SAS tiene la inexcusable obligación de resolver ese problema. No se puede consentir que el buen hacer, demostrado con creces en la atención de neonatos, lo eche por tierra algo que se puede solucionar contratando al personal necesario Si no se actúa a tiempo, si no se incrementa la plantilla, otros bebés como Emilio pueden pagar las consecuencias.

 

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