Dudas razonables

Admiro a quien va del traje de primera comunión al de penitente de la Semana Santa sin preguntarse nada, pero también sospecho del 'científico ilustrado' que manifiesta su ateísmo militante sin fisura de duda alguna

Federico Romero Hernández
FEDERICO ROMERO HERNÁNDEZDoctor en Derecho

Keylor Navas es un hombre de fe. Lo ha dicho de sí mismo con ocasión de la final de la liga europea de futbol, en una entrevista al periódico 'ABC'. Pero lo llamativo de esta declaración es que un deportista de élite, en la cumbre un deporte de masas como es el fútbol, diga que, para él, su creencia y el lograr la vida eterna, es más importante que dicho deporte. Resulta curioso que un tema tan trascendental como es la trascendencia –de idéntica raíz– exista hoy en día tan escaso interés. La muerte de Dios, de la que hablara Nietzsche en la Gaya ciencia, parece haberse consumado por la vía del olvido o la rutina, o el agnosticismo. Incluso para nosotros los viejos, que es un asunto que vemos más cercano, constituye algo constantemente aplazado. Sin embargo, para la mayoría de los humanos, una enfermedad grave, el nacimiento de un hijo con problemas o la repentina muerte de un ser querido, produce un enorme impacto que inevitablemente ponen sobre el tapete las aludidas preguntas trascendentales: ¿Hay otra vida? ¿Existe Dios? ¿Qué es eso de la Resurrección? Y ello conduce a veces a la remoción, más o menos momentánea, de la propia fe, o al abandono definitivo de ésta, configurando una especie de reacción castigadora contra nosotros mismos o contra un Dios con el que se anula toda relación.

Hasta hace no mucho –total qué son dos o tres siglos, si tomamos periodos que arrancan desde Abrahán o Confucio- la religión formaba parte habitual de la vida de los hombres–. Evidentemente ahora no es así, como si la ciencia y los saberes humanos hubieran extendido el acta de defunción de cualquier clase de creencia religiosa, concebida como superstición, ingenuidad o mito. Incluso gente sencilla que asume las consecuencias de tal certificado mortuorio de la fe, lo hacen de una manera incongruente o incompleta, admitiendo que: 'algo hay' o 'yo hablo con mi Antonio, que estará en alguna parte'.

Ante esta evidente transformación social, la Apologética clásica ha derivado hacia el llamado método de la confrontación, sin ninguna pretensión demostrativa. En otras palabras, no se trata de demostrar lo que es indemostrable, sino, más bien, hacer una presentación razonable de la fe que, en modo alguno, es irracional sino sencillamente suprarracional, porque afecta a verdades que son indemostrables o, si se quiere, pertenecen al ámbito de lo misterioso. No cabe duda de que incluso en el plano de lo físico existen hoy misterios, como saber lo que es la materia oscura, o la antimateria o los efectos del principio de incertidumbre de Heisenberg. He aquí porqué, la duda forma parte de la creencia y de la libertad religiosa, sin que con esto no se quiera admitir el valor de quién 'ha decidido' creer si cuestionarse nada. Aunque Kierkegaard dijera aquello de que: «Una fe sin la duda no sería una fe que mereciera la pena tener», también dijo que no entendía que la cuestión de la fe no fuera para todos un asunto esencial en su vida. Admiro a quién va del traje de primera comunión al de penitente de la Semana Santa sin preguntarse nada, pero también sospecho del 'científico ilustrado' que manifiesta su ateísmo militante sin fisura de duda alguna.

Gaspar Meana

Hay un libro del profesor emérito de una Facultad de Teología de París que se llama 'Creer' y subtitula como: 'Invitación a la fe católica para las mujeres y hombres del siglo XXI', que yo también invito a leer. Después de tratar de mostrar las razones para creer y de admitir también que las hay para no creer, Sesboüé –así se llama este autor– nos dice: «…Hay aquí una opción libre que es menester tomar…Es sorprendente que la cuestión más radical de la verdad dependa de este modo de una opción. Pero hemos visto ya la vinculación existente entre verdad y libertad, y la significación de este nexo para que el hombre siga siendo hombre y no se convierta en una hormiga laboriosa». Se podrá admitir que existan dudas razonables para creyentes y no creyentes. Y aunque en nuestro modo de vida esté presente, consciente o inconscientemente, que hemos verificado ya la opción a la que me refería, según se deduce de nuestra forma de actuar, en constantes momentos de nuestra existencia se nos plantearan dilemas que nos obliguen a ser coherentes con una opción que comportará sacrificios y dificultades. Y la toma de conciencia de este trascendental ejercicio de nuestra libertad, aun a pesar de nuestras razonables dudas, es lo que nos permitirá ser verdaderas mujeres y verdaderos hombres. De ahí que admire más a Keylor Navas como persona que como portero del Real Madrid o de la selección costarricense, derrotada con decoro en el mundial. Que también desde luego.

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