RFA: ¿Drama o teatro?

ENRIQUE VÁZQUEZ

Este título entiende resumir la perplejidad sentida por gran parte de Alemania ante la inquietante crisis abierta por el socio bávaro de Merkel en cuanto a los refugiados. Tal perplejidad llevó a Alexander Neubacher, el acreditado periodista y analista político en Der Spiegel, a escribir irónicamente que la crisis peligrosamente abierta por el desacuerdo de Horst Seehofer era sólo una rabieta infantil que tomó la apariencia formal de una crisis. De qué nivel de seguridad sobre la continuidad disponía la jefa del gobierno es desconocido pero se puede intuir como suficiente para que ella aparentara dificultades que serían percibidas como un éxito de los revoltosos pero garantizaban la buscada continuidad. El escenario al efecto no pudo ser montado en su día cuando se trató de formar un gobierno que salvara la Grosse Koalition porque el pésimo resultado de los socialdemócratas y la bajada cristianodemócrata no lo permitían sin sacrificios políticos y personales, siendo el principal la dimisión inevitable el 13 de marzo del líder socialdemócrata, Martin Shultz. Pagó con retraso, pero con dignidad, el mal resultado de su partido en las legislativas de septiembre, en las que el SPD perdió 40 diputados, la CDU 55 y la CSU, 10. La eventual debacle del trío llamado a formar a cualquier precio una coalición moderada y con visos de durabilidad ha sido evitada porque Seehofer ha hecho muy bien su papel de crítico con la política oficial de inmigración, en cuyas aguas turbulentas pescan con éxito los grupos ultras y singularmente, la imparable 'Alternativa para Alemania', que pasó de no tener representación en el Budestag a 92 diputados. El partido bávaro y católico de toda la vida, la USC, controla tanto el escenario político en Baviera que allí la CDU acepta formar parte, como una especie de todo, del grupo parlamentario de las huestes de Horst Seehofer, quien tiene la sartén por el mango como la tenía ya cuando Merkel abordó la formación del gobierno federal de coalición. Estaba, pues, en condiciones de exigir algo parecido a un cambio de actitud de ese gobierno en la cuestión clave: los refugiados y cómo tratar el grave asunto desde un criterio menos generoso, más policial y mucho más a la derecha.

Tenía un argumento de peso en el bolsillo: aplicar una política de estricto reparto de los llegados desde criterios únicamente aritméticos, basados en fórmulas semejantes invocadas al respecto en otras latitudes también crecientemente anti-refugiados. Y un dato en que basarse en términos políticos: cuando se negoció el vigente Gobierno federal, la Sra. Merkel se negó a fijar un tope para la admisión de refugiados, un concepto que es la base de la actitud alemana. Ahora habrá campos de internamiento, centros de control en las fronteras, expulsiones calientes cuando sean aconsejables y endurecimiento sin un dramático cambio de fondo. Una especie de empate técnico entre los cristianos de Baviera y sus correligionarios del resto de Alemania. Todos cristianos.... Y los radicales de Alternativa, al acecho.

 

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