Era el domingo

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Varias ciudades andaluzas contemplan estos días manifestaciones más o menos espontánea 'contra el fascismo'. Fueron convocadas tras el resultado de las elecciones autonómicas del pasado domingo que dio entrada por primera vez a un partido de extrema derecha en el Parlamento Andaluz. Alguien debería avisar a convocantes y asistentes de que antes de la jornada electoral ya había suficientes señales que advertían de la presencia de Vox, y que pese a eso se produjo una gran abstención que castigó a la izquierda. Según un estudio de la consultora GAD3, la escasa asistencia a las urnas restó cuatro escaños al PSOE y dos a Adelante Andalucía. Cuando tocaba movilizarse era el domingo, no el lunes.

La torpeza de la izquierda ya ha dado lugar a que la derecha, y también la extrema derecha, se adueñen de la palabra España, de la preocupación por la amenaza secesionista, de la defensa de la igualdad de todos los españoles y de los símbolos nacionales, especialmente la bandera. Sólo falta ahora que cedan también la exclusividad del respeto a los resultados de las urnas a quienes hasta antes de ayer hablaban de voto cautivo.

El gran mérito de Vox seguramente radique en haber sabido captar diferentes demandas dispersas; desde quienes reclaman sólo mano dura ante la crisis catalana hasta quienes no quieren ver inmigrantes en sus barrios; desde los hombres que se sienten amenazados por la movilización social contra el patriarcado hasta los cazadores y taurinos molestos con las reivindicaciones animalistas; desde los fachas de toda la vida y quienes se alarman por vivir en un país con libertad de expresión hasta los indignados a quienes los desatinos de Podemos han dejado huérfanos. Todo aderezado por la ausencia de argumentos que justificaran cuatro años más de gobierno socialista en Andalucía. Ante demandas tan variopintas, Vox supo articular respuestas sencillas y un discurso simple. El abc del populismo.

Que exista preocupación por la entrada en el Parlamento Andaluz de una formación que recibe felicitaciones de Marie Le Pen y de un ex líder del Ku Klux Klan es más que razonable. Habría que ser muy irresponsable, viendo el auge de la extrema derecha no sólo en Europa sino también en los más insospechados rincones del mundo, para no inquietarse. Pero lo primero que hay que revisar es la manera de afrontar este fenómeno, porque algunas de las respuestas que se están viendo en los últimos días no hacen más que alimentarlo.

Muchos de quienes hoy llaman a movilizarse tras los resultados electorales son quienes cargaron contra la prensa que informaba del auge de este fenómeno. En lugar de criticar esa cobertura igual deberían haber tomado nota.

 

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