Doméstica

ROSA BELMONTE

De los autores de «no lo llamemos matrimonio» llegan los de «no lo llamemos violencia doméstica». Vale, no son los mismos, pertenecen a distintos bandos. Por un lado, conservadores; por otro, progresistas, si hay que tirar del cliché. Pero el ceporrismo talibán es el mismo. Yo lo de doméstico lo uso para los animales. El anglicismo «vuelos domésticos» es horrible pero violencia doméstica tampoco es tan disparatado. «De género» es una expresión boba. Pero es como se llama la ley. Y si hay algún día una mayoría parlamentaria a la que no le gusta, que la cambie, como hizo Zapatero creándola. Igual que el primer Gobierno de González suprimió la agravante de desprecio de sexo del Código Penal porque suponía una despreciable desigualdad entre hombre y mujer. Vaya, la agravante se consideraba un insulto machista. A las mujeres propias se las siguió matando. Y zurrando. La discriminación positiva vuelve a discutirse. Qué pesados, diría Valls.