Doce años atrás

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

En el refugio de mi nostalgia, perdido entre montañas en una Serranía que precisa de mayor cariño de las instituciones y organismos oficiales que disponen de dinero público para mejorar la vida de los ciudadanos, me encontré de sopetón con una imagen que rompió la paz que reina en este mi retiro espiritual y emocional. Venía de una caminata de una hora larga por carriles de campo con la hierba alta coloreados por margaritas y con amapolas alumbrando el camino a la ermita (ya lo dice el anacoreta: al menos una vez en la vida debes reflexionar en esa vereda de piedra llena de milagros).

Llegué exhausto al ático y al subir los escalones, que a mí siempre me parecen que escalan hacia el cielo por la felicidad que me despiertan esas paredes, me topé con ese recuerdo, y no pude evitar sentir sonrojo por la diferencia de entonces y la de ahora. No por mi edad, que considero está plena de experiencia, sino por los sentimientos que desnudan ambas vivencias. En la foto en cuestión está escrita una fecha, 4 de mayo de 2007, y en ella aparecen Juan, un aficionado; Javier López, antiguo periodista de SUR; el hoy subdirector del periódico, Javier Recio, y el que suscribe. De fondo, como marco de una estampa única, el impresionante OAKA de Atenas; en primer plano cuatro rostros que reflejaban dicha por la emoción del momento, histórico para los malagueños, y el motivo, ver al Unicaja competir por ser campeón de Europa. De esa Final Four de 2007 al encuentro del pasado domingo en el que fueron silbados los jugadores y el resto del equipo me pregunto qué ha pasado entre medias. Qué me he perdido o no he sabido escudriñar en estos doce años de tantos sinsabores, dónde quedó la ambición de un club que llegó a asombrar a todo el continente. ¿Es cuestión solo de dinero? ¿La diferencia de presupuestos de ambos proyectos -el del final del trienio mágico en el que se ganó la Copa y la Liga y este de 2019- explica todo lo que ha pasado desde entonces?

Aún sigo en estado de shock por lo vivido en el Palacio de los Deportes Martín Carpena hace seis días. Algo grave está ocurriendo en el mundo del baloncesto en Málaga y algunos ni quieren darse cuenta y, si son conscientes de la gravedad de la situación, no buscan soluciones a estos males.