La distancia

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Solo hay que detenerse en la mirada de las personas a tu alrededor, observar el ambiente mustio y colegir la dificultad de sobreponerse a tantas circunstancias que crees adversas. La cuesta es demasiado empinada en estos primeros días de enero complicados de asimilar conceptos inequívocos de soledad. Es imposible digerir la tristeza como condición de vida. Tras un mes de diciembre tornado en fiesta continua, la resaca se convierte en dolor de cabeza corriendo a la velocidad de la jaqueca. Son horas de penumbra a las que le cuesta alcanzar el sol (la luz de Málaga en estas fechas es quizás el único motivo que invita a buscar una salida en una huida hacia adelante irremediable).

Posiblemente sea la peor semana del año para aquellos que han sufrido el desgarro de la separación de sus seres queridos después de una Navidad en compañía de la familia o de amigos que puede que se vean una sola vez al año. Qué decir si se trata de dos personas obligadas a decirle al amor un adiós sin querer, un hasta luego arrebatado a la pasión desbordada tras días intensos de arrumacos y afectos rebosados de cariño.

Escribir acerca de la distancia es llamar al dolor sin querer, pues la distancia es esa rendija por la que se escapa hasta el aire que respiras, la huida de un sentimiento que aprecias, es sentir que te roban la dicha que hasta hace poco acariciabas con las yemas de los dedos. Sufrir la distancia es que te corten las alas cuando vas a echar a volar, que te golpeen sin motivo alguno o que un soplo perdido en medio del bosque te derrumbe en un pedregal. En definitiva, es una burbuja de estiércol que te explota en la cara, el olor a nauseabundo en un calle del Centro de madrugada. Es pensar que nunca más te despertarás al alba y volverás a reconfortarte con el calor del amor derrochado durante la noche cuya efusividad se trasladó al día.

Si la distancia no es el olvido, cantan los poetas, es desde luego un limbo en el que no te encontrarás jamás, peor que un laberinto sin puerta por la que entrar, ventana por la que acechar, tabique que derribar. Es una separación que parte el amor en dos y se cae a pedazos sin brazos con los que recoger los trocitos hechos añicos por el dolor. La distancia es desazón, una palabra que no tiene consuelo, como esa ausencia imposible de llenar. La distancia es un vacío que te impacta en el alma y alcanza de lleno el corazón. La vida vuelve porque no queda otra, pero hay momentos en los que vives sin vivir en ti.

 

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