Desbloqueo y 10-N

El nuevo volantazo de Ciudadanos coincide con una apuesta mayoritaria por la estabilidad que, si se da por segura, puede deparar sorpresas

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha levantado el veto a Pedro Sánchez siempre que el líder socialista emprenda una rectificación. Su grupo en el Parlamento catalán defendió ayer una moción de censura contra el president Quim Torra. La pregunta que sigue pendiente de respuesta es por qué Inés Arrimadas no se postuló a la investidura tras ganar las autonómicas de diciembre de 2017. O por qué Rivera no se dispuso a favorecer la continuidad de Sánchez en La Moncloa tras las generales del 28-A. La clave la ofreció Pablo Casado el fin de semana: El 10-N «va de desbloqueo». Todo ha cambiado tras el fiasco de septiembre que obligó a repetir las elecciones generales. No en vano, las candidaturas del PP varían hacia la gobernabilidad del país y el propio Sánchez ha operado un significativo cambio en su actitud ante la «crisis de convivencia» en Cataluña, con su insistente mención al artículo 155 o a la Ley de Seguridad Nacional la última semana. De sus llamadas a Unidas Podemos como socio preferente, reivindicando la mayoría que secundó su moción de censura contra Rajoy, a la búsqueda de la neutralización del centro-derecha para dar sentido al 10-N. Rivera está señalado por el supuesto de que su último viraje respondería a la necesidad de afrontar encuestas aciagas para Ciudadanos. El aserto de Sánchez, «el pánico hace milagros», resulta demoledor porque obliga a Rivera a esforzarse en demostrar a cada minuto que le mueven motivos más trascendentes que la pervivencia de su partido como proyecto político; que la «veleta naranja» es un infundio que no hace justicia a sus empeños democráticos. Una pugna partidaria tan dilatada acaba penalizando los excesos y la 'impronta Rivera' resulta excesiva casi por naturaleza. Como si no hubiera otra manera de hacer realidad las intenciones que alberga Ciudadanos que el viraje periódico y llamativo para abrirse paso como 'nueva política', lo que deja en entredicho el proyecto mismo. El regreso al centro que parecen protagonizar Sánchez, Pablo Casado y Rivera dejaría a Unidas Podemos en su pugna con Más País, por un lado, y a Vox, por el otro, un tanto fuera de juego respecto a la gobernabilidad. Pero a medida que se dé por supuesto que el «desbloqueo» está asegurado tras el 10-N, el comportamiento electoral de los ciudadanos podría deparar sorpresas por el poco interés que despierta toda liza con final anunciado. La política española vive en la paradoja. Cuantas más opciones se apunten a asegurar la estabilidad en un tiempo tan volátil, más incierto se volverá el escrutinio del 10 de noviembre.