Denunciar a tu vecino

Voltaje

La tentación de denunciar al vecino lleva circulando por nuestra casa desde hace tiempo

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hasta hace poco habíamos considerado como un gesto cruento o de mala educación la propuesta que se estaba empezando a desarrollar en los ayuntamientos de España para animar a que denunciemos a nuestros vecinos por haber ofrecido su vivienda como piso turístico de manera ilegal. En principio la cosa recordaba un poco a los tiempos de la Stasi. El área de inteligencia soviética tenía a su disposición a decenas de miles de informantes que podían denunciar 'conductas sospechosas' de amigos, vecinos y conocidos a cambio de unas vacaciones en Bulgaria o de un coche nuevo. Aquí no tenemos mayores recompensas que la indescriptible sensación de desahogo que produce en algunos fastidiar al prójimo, pero también la de hacer cumplir la ley. Quieren que seamos personas normales que bajo solicitud municipal se convierten en unos superhéroes que llegan allí donde la policía no alcanza, y eso es un engorro. En Barcelona hay una policía del turismo: funcionarios que persiguen a los turistas para preguntarles dónde se quedan esa noche. Ahora el único ente del Ayuntamiento de Málaga que defiende a la Humanidad, que es el Omau, ha animado a que la página web municipal tenga un formulario para denunciar a tu vecino sin tener que salir de casa, por supuesto acudir a uno de esos lugares inhóspitos llamados Juntas de Distrito, tan útiles que raro es quien lo ha pisado más de un par de veces en su vida.

Cualquier denuncia entre vecinos supone un desastre en la convivencia en cualquier bloque de vecinos. Nosotros jamás hemos denunciado a los nuestros por ningún motivo. Con uno de ellos tenemos una especie de pacto no escrito, un entendimiento cordial mediante el cual no nos denunciamos por el ruido de nuestras celebraciones. En mi casa, la verdadera tragedia llegó cuando descubrimos que nuestros vecinos hacían muchas más fiestas que nosotros, alcanzando los meses buenos una proporción vergonzosa. Nótese además que vivimos en una calle que hace poco mantenía la sana costumbre de dar la bienvenida a cada nuevo vecino, y en la que un ligero golpe con el coche o la llegada del afilador se convierte en un acontecimiento social de primer orden.

Pero las cosas cambian. Avanzan. La tendencia de volver al 'Bed & breakfast' de Casa Padres durante el fin de semana para sacarte del pozo del fin de mes se da también en las viviendas grandes, en la gente aparentemente desahogada o disfrutona, y hay espectaculares chaletazos en Pedregalejo que llegan a costar 300 euros al día (según el número de camas, puede no estar mal). Uno de mis vecinos, que no son los fiesteros sino los propietarios de una casa de dos plantas que fue en su día una VPO, también ha decidido publicar su vivienda como lugar de paso o de recreo, y la tentación de denunciarle lleva circulando por las habitaciones de la mía desde entonces. El proceso en el que algo que te producía rechazo termina resultando una idea excelente es tremendo.

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