Debates a uno

La creencia de que los debates televisados sean de obligado cumplimiento cobra cada vez más fuerza

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Regresa a la política española la típica posibilidad de que los ciudadanos se enfrenten a la decisión de votar al partido que quiere que gobierne este país sin su necesario debate televisado. En esta época, eminentemente visual y en la que casi todos parecen dispuestos a que aumenten la transparencia y la democracia, parece que la sugerencia de que los debates televisados sean de obligado cumplimiento cobra cada vez más fuerza aunque, como ocurre con la reforma del propio sistema electoral, no parece que ningún partido con posibilidad de gobernar vaya a tomar las riendas a este respecto. La cuestión no es menor, ya que muchas veces en la historia en la que los encuentros de este tipo marcan un punto de inflexión en el resultado. Hay muchos países donde los debates electorales televisados están legislados de manera estricta y otros, como Estados Unidos, donde aunque no hay una obligación expresa sí que hay una costumbre implícita e incluso hay una Comisión para los Debates Presidenciales, organización extragubernamental, creada a tales efectos. En España, la existencia de debates está recogida por la Ley Electoral pero su celebración no es obligatoria, sino que depende en primer lugar del capricho (o de la valentía) de cada aspirante.

El esperpento que pone en peligro la existencia de un debate televisado en nuestro país es el siguiente: la Junta Electoral Central (JEC) ha prohibido que Atresmedia celebre el encuentro planeado con cinco candidatos bajo la premisa de que incluir a un partido sin representación parlamentaria y con un resultado residual en los anteriores comicios, como es Vox, incumpliría de manera flagrante el principio de proporcionalidad a la que esta ley obliga, pese a que este partido es fundamental para PP y Ciudadanos. Para la JEC, los únicos baremos para medir la representatividad son las elecciones oficiales y no las encuestas; ni siquiera las del CIS. Ante esta circunstancia y al parecer por presiones del PSOE y ganándose críticas dentro del ámbito de RTVE, que es el favorito y por lo tanto el que más tiene que perder, Televisión Española ha cambiado su debate previsto para el 22 de abril al día siguiente, martes 23, que es cuando estaba planeado el de Atresmedia, ya con la presencia asegurada de PP y de C's. En estos momento, por lo tanto, hay dos debates electorales programados para el mismo día. Pedro Sánchez está convencido de que, en caso de haber un debate, este debe celebrarse en la televisión pública: «Voy a estar el 23 en RTVE con quien quiera debatir». Podría entonces darse el caso de que Pedro Sánchez acabe debatiendo solo, discutiendo contra sí mismo o, algo que no estaría mal, el Sánchez candidato contra el Sánchez presidente. Al final da la impresión de que en este tema de los debates se cumple la ley de Murphy para si algo puede salir mal, salga mal. Los que pierden con todo esto no son ya los ciudadanos, sino la propia democracia.