Cuidado con las catedrales

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Se cumple una semana del incendio que devoró la catedral parisina de Nuestra Señora de París; las llamas comenzaron en plena celebración de la misa. En este lunes de Pascua, día en que los cristianos celebran la resurrección de Cristo y en el que recuerdo cordialmente al maestro Alcántara, fallecido el pasado Miércoles Santo, sugiero reflexionar sobre la presencia de las catedrales en medio de nosotros y de su cuidado.

Tras el terrible incendio que ha sufrido la catedral de la que el papa Alejandro III puso la primera piedra y visitaron Pío VII, Juan Pablo II y Benedicto XVI, ésta ha sido protagonista de toda una cadena de reacciones ante su parcial destrucción. Todos han destacado el papel de Notre Dame en la historia. Algunos, como el presidente ruso Putin, incluso hicieron mención específica a su carácter cristiano.

De todas las personas que intervinieron mientras las llamas consumían el templo catedralicio hay un sacerdote que con su manera de actuar expresó que la catedral se erige en el corazón de la ciudad como signo vivo de la presencia de Dios. Es decir, estamos mucho más que ante un edificio con historia y arte. Hablamos de Jean-Marc Fournier, sacerdote que socorrió física y espiritualmente a los heridos del atentado de la sala Bataclan y que en este devastador incendio salvó al Santísimo Sacramento de las llamas. Con su manera de actuar ha expresado dónde se encontraba la zona cero del incendio.

Incendio que como advierte la periodista Lucceta Scaraffia es una negligencia del laicismo francés que durante años aconsejó que no se invirtiera dinero en el templo catedralicio. Desde 1905 la catedral pasó de ser propiedad de la Iglesia a manos del Estado francés que la explotó económicamente pero prefería invertir en otras obras de impronta laica. Hasta que finalmente y ante la evidencia de destrucción pusieron manos a la obra en un ambicioso proyecto de restauración que se ha ido al traste tras el incendio. ¿Ventaja? Que hay documentación muy elaborada para su restauración.

Conviene aprender de la historia y de los errores de los países vecinos que obviaron lo evidente: la catedral es templo cristiano y un patrimonio de todos que necesita de la conservación permanente para evitar su deterioro. Porque más allá de las ideologías imperantes es necesario tener miras altas que integren todos los aspectos de un edificio construido para dar gloria a Dios y cobijo al creyente.