Cuidado

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Se quejaba estos días el líder del PP de ser una víctima de las noticias falsas, y lo hacía a raíz de la controversia surgida de la publicación de una medida electoral de su partido, que relaciona las expulsiones de mujeres inmigrantes irregulares con los procesos de adopción de sus hijos. Con las 'fake news' cabe decir aquello de que no hay mejor consejo que una mano quemada. Así que, para no quemarme las manos, citaré textualmente las palabras aclaratorias del líder del partido mayoritario de la derecha:

«Antes que político soy persona. Todas las tertulias y todos los partidos intentan decir una barbaridad que yo jamás admitiría en mis adversarios. Decían que el PP quería que a las mujeres inmigrantes sin papeles si decidían entregar a su hijo en adopción se las iba a blindar. Lo que propone el PP, y ya se hace en la Comunidad de Madrid, es que las madres embarazadas que deciden entregar a su hijo en adopción en lugar de abandonarlo tengan absolutamente garantizada la confidencialidad y los mismos derechos, estén regularizadas o no».

Efectivamente, las primeras noticias que tuvimos de esta medida del PP daban a entender que lo que se proponía es un intercambio del hijo por papeles: «tú me das al niño y yo te regularizo». Tiene razón el líder del PP al indignarse, porque ese intercambio convertiría al niño, o a la niña, en una mercancía. Es algo parecido a decir que no hay que abortar porque en el futuro no habrá quien nos pague las pensiones. Esas cosas no las piensa un kantiano de pura cepa como el líder de la derecha, son solo 'fake news', ¿o lo de las pensiones sí lo dijo? En todo caso, lo que nos dice ahora el líder del PP es que con su propuesta pretende evitar el abandono de bebés y potenciar la entrega en adopción. Por tanto ni la madre vende al niño a cambio de papeles, ni nuestro país lo compra. Y eso está bien, pero algo sigue rechinando en las palabras recogidas en el párrafo anterior. Porque, también se deduce de las mismas que, finalizado el proceso de adopción, la madre que ha entrado de manera irregular en España podrá ser expulsada.

Hace poco ese mismo líder le explicaba a las mujeres lo que significa llevar una vida dentro. Obviamente no hablaba por experiencia propia. Cabe suponer que lo hacía por esa cualidad tan humana que es la empatía. De modo que no debería resultarle muy difícil ponerse en la piel de una madre, inmigrante irregular, que se debate entre entregar a su hijo en adopción, o llevárselo consigo al ser expulsada de nuestro país. No debería resultarle difícil imaginar la conversación interior de la madre, mientras siente la respiración de su bebé acurrucada en su regazo, sobre qué destino le espera a su hija en el seno de un hogar de clase media española, o en el mundo del que esa mujer huyó buscando una vida mejor, y al que la obligamos a volver. Quizá ante el desgarro, esa madre sueñe con otra posibilidad, la de poder trabajar para mantener a su hija y vivir con ella, en nuestro país o en otro lugar donde las quieran. Y quizá lo lograríamos si todos fuéramos tan buenos políticos como personas.