Cuestión de confianza
Ana Sanz
Jurista y autora de teatro
Lunes, 17 de noviembre 2025, 01:00
La confianza es quizás uno de los pilares de la convivencia que más favorece cualquier tipo de relación. ¿Qué sería de la familia en la ... que unos miembros no pudieran fiarse de los otros a la hora de vivir bajo el mismo techo? Y en las relaciones de amistad, ¿cómo se nos queda el cuerpo cuando constatamos que uno de nuestros íntimos va por ahí divulgando la confidencia que le hicimos de buena fe? Por no hablar de la vida laboral en la que las relaciones interpersonales acaban fraguando no pocas amistades a fuerza de navegar en el mismo barco cuarenta horas a la semana. Nos gusta poder confiar en los compañeros de vida que el devenir de la existencia nos va poniendo por delante y, ¿cómo no?, también queremos que los demás nos perciban como personas 'de fiar'.
La confianza aparece retratada en páginas de nuestra literatura, también asoma con cierta frecuencia en el costumbrismo recogido en el refranero y hasta el legislador constitucional utiliza este término al plasmar en nuestra Carta Magna de 1978 un mecanismo mediante el cual la presidencia del gobierno del país solicita el plácet del Parlamento sobre su programa de gobierno o sobre una declaración de política general. Parece que la confianza es no solo un ingrediente básico para construir convivencia, sino que resulta necesaria para el desenvolvimiento sano de las relaciones humanas en general.
Con la confianza como planteamiento de una obra de teatro me permito viajar en el tiempo hasta el Siglo de Oro y recordar que en 'El condenado por desconfiado', Tirso de Molina usa la confianza como forma de salvación. Pero me temo que, tratándose de un drama de contenido teológico, la suerte fatal del pobre ermitaño Paulo, unida a la de Enrico, el bandolero que tras una vida de fechorías se acaba redimiendo, hoy no capta la atención más que de algunos 'frikis' del teatro clásico entre los que me encuentro. Después de todo, nadie es perfecto y en cualquier caso, el del teatro clásico bien puede ser tema para otro momento de comunicación con usted, amable lectora y usted, apreciado lector.
Más divertido que las reflexiones teológico-filosóficas de Tirso resulta el refranero a la hora de referirse a los efectos que produce la confianza o la falta de ella en las relaciones intersubjetivas; y no puedo sustraerme a la transcripción de alguna de las perlas que según la paremiología indican el alto poder de la «esperanza firme que se tiene de alguien o algo», según define el propio diccionario de la Real Academia al término confianza. «Fiarse es cobre y no fiarse es oro», reza uno de esos refranes que señalan el valor de no ir haciendo el pardillo por el mundo. «Fía mucho, más no de muchos», dice otro un poco más lacónico pero igualmente incisivo. Y, ya metidos en filosofía de andar por casa y, por supuesto, por la vida, este refrán, que pone la gramática parda a la altura de un master en relaciones humanas entendidas en su acepción más amplia, dice lo siguiente: «Quien del mundo sabe, aparenta fiarse de todos, pero a sus puertas echa la llave». Ahí lo dejo.
¿Y qué me dicen de la 'cuestión de confianza' que los redactores de la Constitución entendieron que debía incluirse en la norma que preside el marco de nuestra convivencia patria como Ley Fundamental? En términos estrictamente académico-jurídicos, si se me permite el término, en el texto 'Comentario a la Constitución', coordinado por el profesor Garrido Falla en su edición de 1980 y en su página 1.112, puede leerse no solamente la aventura de su elaboración, sino el tratamiento que recibe este mecanismo en otros países, concretamente en las constituciones de Alemania y de Francia y los pormenores del 'iter' de su redacción. Permítanme aconsejar su lectura especialmente a los opositores del campo del Derecho Público. Y no solo una lectura atenta sino un buceo por los entresijos del extenso paginado. Si algún día llegan a aplicar las normas de nuestro ordenamiento jurídico por causa de su trabajo en cualquiera de las administraciones públicas es deseable que sean funcionarios fiables. ¿Cómo, si no, podríamos acercarnos a quienes nos administran con un mínimo de seguridad?
Necesitamos fiarnos en el entorno familiar, confiar en los amigos, en los compañeros de trabajo; y también necesitamos de la confianza en el cuerpo social porque, en definitiva, una cosa es la defensa de los propios intereses y otra muy diferente un comportamiento que le invite al prójimo aunque sea ocasionalmente a inhibirse de tratarnos aduciendo una particular 'cuestión de confianza'.
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