El cuerpo

Miguel Benlloch nació en Loja y ese punto quedó marcado en él como un lugar al que siempre se acaba volviendo

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Aveces pasan cosas en la vida que te lo vuelve a poner todo en su sitio, como si la cabeza se reordenara otra vez y trazara la frontera de lo que de verdad es importante con una línea que luego seguramente volveremos a borrar para dedicar buena parte de nuestro tiempo en estupideces o en asuntos que seguramente requerirían menos esfuerzo. Desde luego, menos sufrimiento. Hay colisiones de la vida que ponen orden en el caos; una de ellas es la pérdida de un amigo. El hecho de que fuera previsible no le resta ni un poco de desgracia. Para nosotros se va un amigo y el mundo pierde a uno de esos agitadores sin los que la vida sería, y va a empezar a serlo, un sitio un poco peor en el que vivir.

Miguel Benlloch, artista y productor, nació en Loja y ese punto quedaría marcado en él como un lugar al que siempre se acaba volviendo. La mayor parte de su acción cultural y política la desarrolló entre Sevilla y Granada, también cada vez más fuera de nuestra tierra. Recuerdo cómo flipé cuando, al poco tiempo de conocerle, me dijo que había sido uno de los fundadores del Planta Baja, una sala de conciertos de Granada de las que ya no quedan, y que en los intensos años ochenta era un importante foco de interés. Miguel fue durante toda su vida un militante de la paz y de la libertad y de la transgresión, y en todo puso su creatividad y al final su vida entera. También fue precursor de los Incensarios, una espléndida mezcla entre la Semana Santa lojeña y el flamenco que muchos conocimos gracias a él. Fabricaba eslóganes brillantes, epigramas contra la OTAN, el sida o el racismo, y empezó a desarrollar una forma muy divertida de arte que se relacionaba con la palabra, porque Miguel también era un poeta. Una de tantas cosas que nos deja es un libro de poemas precioso llamado 'Cuerpo conjugado' y que habrá que tener siempre cerca, para volver a él. Fue pionero del lenguaje del cuerpo. A él le gustaba llamarse 'performancero', un término genial, e hizo varias acciones imborrables, casi siempre relacionadas con el género y la alteridad. Gran parte de su obra fue expuesta hace poco en Sevilla en una exposición antológica que reunió su vida y a casi toda la gente que le quería organizada por Joaquín Vázquez y Mar Villaespesa, dos de sus hermanos -qué somos todos sino una familia-. Con la productora de arte contemporáneo BNV Producciones hicieron algunas de las cosas más interesantes, críticas y reflexivas que se han hecho en toda Andalucía. Redactar aquí una lista de sus amigos sería como delatar a un trozo importante de la cultura de nuestra tierra, también a sus vecinos o a su familia, en general a todos los que vamos a terminar esta semana con un amigo menos, un sujeto activo y revolucionario al que cuesta mucho enlazar con el pretérito.

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