Crónica de un déficit anunciado

Sería necesaria una actuación multifactorial del Gobierno central, universidades y comunidades autónomas para formar más médicos y médicas y ofrecer unas condiciones laborales dignas

Crónica de un déficit anunciado
RAFAEL GONZÁLEZ DELGADOMédico y secretario provincial de Sanidad de CCOO

Parafraseando al célebre libro de García Márquez, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la situación del colectivo médico en nuestro país era la crónica de un déficit anunciado. La falta de médicos y médicas es un mal endémico en mayor o menor medida en todas las comunidades autónomas. No existe una sola causa que justifique este proceso de disminución de profesionales, aunque es cierto que unas causas pesan más que otras. En el origen del problema está la deficiente planificación que han llevado a cabo distintos gobiernos centrales, de diferente color político, en lo relativo al relevo generacional que se ha ido produciendo en la última década y que continuará los próximos años, donde no se ha correlacionado con un aumento en la formación de nuevos médicos y médicas. Los 'números clausus' que actualmente están vigente en las universidades españolas es un primer limitador en la formación de nuevos galenos, este número se ha demostrado a todas luces insuficiente para poder subsanar las ausencias por jubilación de los facultativos españoles. Pero no es el único limitador al relevo generacional. La crisis que hemos vivido en los últimos años también ha supuesto una disminución en las plazas ofertadas en el proceso de formación de los médicos especialistas. Las plazas de médicos internos residentes (MIR) disminuyeron entre 2008 y 2015, y aunque van aumentando paulatinamente, esta cifra de incremento no se ajusta a las necesidades reales de la demografía sanitaria, las que se produce año a año y las acumuladas en los últimos años.

Si bien estas son las dos causas principales hay otros factores añadidos. La precariedad en la contratación con contratos leoninos que eran fácilmente mejorables en otros países. La tasa de reposición cero, que ensombrecía el futuro profesional de muchos nuevos graduados y que optaban asimismo por emigrar a países de nuestro entorno para encontrar trabajos dignos que en nuestro medio se les hurtaban. La falta de desarrollo profesional y un largo etcétera de causas menores han provocado que además de la deficiente planificación se expulsaran años tras años a médicos perfectamente formados en el Sistema Nacional de Salud hacia otras latitudes donde encuentran la dignidad y el reconocimiento que aquí no se llevaba a cabo. Esto, evidentemente, no ha sido labor de un año, sino de un largo período de desencanto de nuestros jóvenes médicos y médicas, como han ocurrido con otros titulados superiores en nuestro país. Este panorama se completaba con una pugna entre comunidades autónomas por atraer a los nuevos especialistas. En este apartado, en Andalucía no se produjo la suficiente habilidad para fidelizar a los médicos y médicas formados en nuestras universidades y formados como especialistas en nuestros hospitales públicos.

El diagnóstico ya está hecho y refrendado por numerosas estadísticas que hacen predicciones de la jubilación en la próxima década de casi el 25% de la plantilla actual de facultativos en nuestra provincia, son los profesionales que tienen más de 55 años a día de hoy. Y sin embargo de este 25% apenas se llegará a cubrir el 10% del relevo generacional, por lo tanto el déficit lejos de aminorarse se acrecentará paulatinamente año tras año, lo que creará un serio problema de salud en los años venideros. No es ser agoreros, es poner de manifiesto una realidad tan palpable como el cambio climático.

Una vez establecido el diagnóstico y avalado éste con las pruebas diagnósticas que suponen las estadísticas, hay que establecer un correcto tratamiento, así como un adecuado plan de cuidados si seguimos utilizando la semántica clínica. La solución pasa indefectiblemente por adecuar la formación de nuevos profesionales a la tasa de jubilación de los facultativos y facultativas, con el agravante de que para formar un especialista se necesitan al menos diez años de formación, seis años académicos para el grado y cuatro o cinco años de formación especializada, es decir, que para empezar a vislumbrarse una mejora en la salud de nuestro colectivo profesional y que las constantes vitales se normalizaran tendríamos que seguir sufriendo más de una década el déficit anunciado. Es el único tratamiento acorde con las necesidades, la alternativa: importar médicos y médicas de otros países como ya está ocurriendo en nuestra sanidad.

Con estas medidas se aumenta el número de profesionales, pero en el plan de cuidados hay que cuidar, valga la redundancia, a nuestros galenos para evitar la sangría que supone la migración a otros países por no encontrar aquí unas condiciones dignas para el desarrollo profesional de los mismos. No sirve de nada aumentar el número de especialistas si luego sirven para desarrollar la sanidad en Reino Unido, Alemania o Suecia, por poner un ejemplo, es como 'hacer un pan con unas tortas'. Por todo ello, sería necesaria una actuación multifactorial del Gobierno central, universidades y comunidades autónomas para formar más médicos y médicas y ofrecer unas condiciones laborales dignas; sin este plan de cuidados estamos condenados al fracaso.