Corriendo entre la educación y la tecnología

A nivel de ocio y de consumo, se producirá un retroceso en algunos campos, a nivel de producción y trabajo, habrá un desarrollo aún mayor del que estamos viviendo

Amediados del siglo XIX los relojes no se podían encontrar en cualquier tienda. Era un artículo caro, con un uso más estético que funcional. Al no existir los husos horarios, cada ciudadano usaba la hora solar media allí donde vivía. La diferencia horaria entre Barcelona y Bilbao podía ser hasta de media hora. Pero llegó el tren, y transformó por completo la concepción del tiempo en nuestras sociedades. La necesidad de organizar los largos trayectos, algunos compartiendo vías, hizo que fuera necesario crear husos horarios. El planeta transformaba su planificación y organización por la aparición de una tecnología (el tren) que comenzaba a cambiar la forma de moverse.

Las sociedades han estado siempre afectadas por las revoluciones tecnológicas del momento. Hace unos siglos, la domesticación de los caballos y otros animales, las herramientas de hierro, el arado, los fertilizantes o la imprenta, permitieron comenzar a vivir allí donde quisiéramos, sin tener que desplazarnos para alimentarnos. En tiempos modernos, ese ferrocarril, las finanzas, la maquinaria pesada o el petróleo, globalizaron el mundo y nos interconectaron como nunca hubiéramos pensado.

Muchas de esas tecnologías tardaron décadas e incluso siglos en asentarse. Sin embargo, la última revolución tecnológica, la digital, lo ha hecho en muy pocos años. En los años 30 del siglo XX, un grupo de matemáticos y lógicos (Turing, Gödel y Church) lanzaron un campo teórico que en los 70 comenzó a desarrollarse. Son tres los hitos transformadores: (1) La llegada del ordenador a los hogares y empresas de manera masiva (arrancó con el Apple II en 1977 y el IBM PC en 1981); (2) La interconexión entre los ordenadores a través de una red de redes llamada Internet (el primer navegador web gráfico que lo permitió apareció en 1993); (3) Los dispositivos y aplicaciones móviles para agilizar e intermediar las comunicaciones (el iPhone y el sistema Android aparecieron en 2007 y 2008).

«Cuando las revoluciones tecnológicas han avanzado en su aparición, suelen requerir de un ajuste»

La diferencia fundamental de esta última revolución frente a otras radica en la velocidad del cambio. Hemos transformado digitalmente modelos de producción y consumo por exceso y a una velocidad nunca antes vista. Hemos puesto el apellido «digital» a tantas cosas, que quizás es momento de reflexionar qué ha mejorado y qué no. Y esto me lleva a pensar que la sociedad hacia la que vamos vivirá dos fenómenos principales: a nivel de ocio y consumo, se producirá un retroceso en algunos campos; a nivel de producción y trabajo, habrá un desarrollo aún mayor del que estamos viviendo. Vayamos por partes.

Nuestra eterna obsesión y celeridad por cambiar las cosas ha traído una digitalización por exceso. Ello, a pesar de que un libro siempre será un libro. Y una pizarra, siempre una pizarra. Pero con el apellido digital, sonaba mejor. Y muchos pensaron que cambiaría la forma de leer o aprender. No se pensó en si realmente mejoraría lo que había. No es de extrañar que productos que fueron eliminados por la digitalización, ahora estén de vuelta. Kodak ha resucitado su Ektachrome, la cinta para fotógrafos por antonomasia. Los vinilos registran récord de ventas. Los libros de papel, al alza. En esta era en la que muchos hablamos de la economía de la experiencia, el valor debe ir por ahí. Nos gusta disfrutar, no solo consumir algo nuevo. Bienvenidos a la era 'post-boom-digital', donde convivirán el mundo digital y el tradicional. Por otro lado, algunos usos digitales, quizás hasta se prohíban o persigan. Los problemas de adicción digital (redes sociales, el juego, etc.), algún día pudieran ser tipificados como un problema incluso de salud pública.

A nivel de producción y del mercado laboral, creo que ocurrirá lo contrario: no parará de crecer el desarrollo digital. La automatización de los procesos físicos (vía la robotización) y los mentales (por la inteligencia artificial), están viviendo su era dorada. Los humanos siempre mantendremos (al menos de momento), el monopolio de ciertas cuestiones: la creatividad, la interacción compleja con objetos y humanos (especialmente importante en un país de servicios), etc. Pero habrá otras cuestiones en las que los robots nos superarán. Básicamente, porque son mucho mejores repitiendo tareas rutinarias (no se cansan, no duermen, etc.). El problema radica en que esta sustitución de trabajo se está produciendo de manera muy acelerada. No nos está dando tiempo a adaptarnos.

Por ello, la constante adaptación al cambio y nuestra mejora de habilidades debe ser algo imperativo. El libro 'La carrera entre la educación y la tecnología' (Claudia Goldin y Larry Katz, 2008), nos habla sobre cómo este progreso tecnológico primará la cualificación. Si no reaccionamos desde una perspectiva pública y privada, la polarización del mercado de trabajo puede introducir unas desigualdades considerables. Habrá una abundancia de oportunidades para los mejor preparados que dominen la tecnología y una escasez para los trabajos rutinarios.

Cuando las revoluciones tecnológicas ya han avanzado en su aparición, suelen requerir de un ajuste. Quizás sea el momento de hacerlo.

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