Corinna

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Ayer saltaron a los medios las declaraciones de Corinna Zu Zais Wittgenstein, conocida en España por su íntima relación con el rey emérito Juan Carlos I. Si Corinna ya había creado problemas cuando vivía en Madrid, y sobre todo cuando estalló el escándalo del safari en Botswana donde el todavía rey se fracturó la cadera, que ella presenció en directo, esta aventurera, que de princesa tiene lo que yo de budista, dice que entre ella y el monarca que puso su grano de arena real para que se estableciera una democracia en España, ahora, asegura la dulce Corinna, que hubo menos amor y más intereses económicos por parte de Don Juan Carlos: «En realidad yo era su testaferro. Los regalos que me hacía ocultaban una trama societaria. El Rey tenía cuentas en Suiza a nombre de un primo lejano, Álvaro Orleáns Borbón, y encima todo lo movía, para darle una apariencia legal, el abogado Daniel Canónica. A mí me querían porque resido en Mónaco, y allí circula dinero fácilmente y el fisco es menos agresivo. Un día me levantaba y tenía una propiedad en no sé donde, al otro exactamente igual. Yo no he tocado ninguna de esas propiedades porque considero que son regalos envenenados que en realidad forman parte de un conglomerado societario...»; dicho esto, no podemos olvidar que Corinna reside en Mónaco desde que salió de nuestro país porque su presencia aquí se hacía insoportable, y que su currículum navega en la delgada línea que existe entre lo legal y lo fraudulento, más allá de la plusvalía, se trata de esos fondos que, de pronto, desaparecen.

Lo primero, perdonen la insistencia, es que Corinna no es princesa de sangre real. Lo fue por matrimonio, pero lleva divorciada varios años aunque continúa utilizando el título y exige tratamiento protocolario como aristócrata de primer rango, tratamiento y rango que ya ha perdido, porque su antiguo marido se ha vuelto a casar, por lo tanto la princesa Corinna, es simplemente Corinna Larsen, Larsen es su apellido de soltera; no obstante, 'Su Alteza Serenísima' sigue considerándose miembro de la alta aristocracia europea, lo que le viene muy bien porque es una plataforma ideal, que viene utilizando desde hace mucho tiempo, para acceder al universo financiero internacional y a otras galaxias cenagosas. No es nuevo. Césped que pisa, conflicto que estalla. Cuando residía en aquel polémico chalet de El Pardo madrileño, Corinna se vio implicada en los enjuagues de Undargarín, Diego Torres y el caso Nóos, y para más inri, se auto proclamó representante de S.M. el rey Juan Carlos en Riad. Inmediatamente la Zarzuela se vio obligada a hacer un comunicado en la que afirmaba que no le constaba esa representación, y así sucesivamente...; por eso me da el pálpito que la dulce Corinna ha lanzado estas acusaciones, que a lo mejor tienen su fundamento, porque el emérito y su entorno quizá se han cansado del aire de gravamen que esta fascinante aventurera impone al monarca exiliado de sí mismo, de España y de su Historia, y han decidido dar carpetazo. Pero que quede por escrito, aún así, Corinna tiene estilo.

 

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