Intruso del Norte

Contrapicado

Sucede que en Málaga mis poetas preferidos son mis vecinos

JESÚS NIETO JURADO

Está bien esa Málaga de museos y guías. Está bien que ya sea una realidad eso de la «nueva Barcelona» con ese plus de que aquí, los madrileños, son malagueños sin playa que penan su 'pena negra' en Alicante con sus medusas portuguesas (sic). Mas hay otra ciudad y hay otro arte -la poesía- que vende menos pero que fija la Historia. Hay otra ciudad porteña -la nuestra- que tiene un ramillete de poetas de insultante talento y de más insultante juventud. Noches en el Emily al amparo de los maestros. Y sí. De Virginia Aguilar a David Leo, de Diego Medina a Jorge Villalobos, va una torrentera lírica y 'camachiana' (por Ignacio Camacho) del idioma. Podríamos citar aquí las castizadas de la concejala sobre el «azul índigo», pero creo que esta tierra nuestra merece volcar la mirada a los poetas, y ahora más que nunca. Estudio la sentencia de la Gürtel y no veo el giro artístico en la prosodia judicial, y así que me vuelvo con mis poetas que son tan coetáneos como vecinos. La poesia debe salvarnos -'Sharva'- de algo que yo desde mi modesto intrusismo no sé qué es. Pero la poesía del malagueño es salvífica, un colutorio para el alma y cosas así. Málaga es territorio de la poesía , y conviene que nos demos cuenta ya de esta realidad.

Hay poetas y poetas, y gente que escribe como quien hace una crucigrama. En el crucigrama no se vuelca el alma, en la poesía sí, y por eso sé que el caso de Diego Medina es paradigmático en eso de que escribir es o corazón o funcionariado. Leo en este heraldo que en el premio 'Alcántara' de poesía han valorado su madurez, y sé que Diego es maduro y luminoso desde aquella infancia en que jugamos juntos al balonmano, en el IVESUR, bajo las torres de esa Nueva York tranquila que es Echevarría del Palo. Diego Medina es un poeta «maduro' que anda por la Bretaña francesa, al que hace tiempo que no veo, y del cual sé que por cuestión de minutos no nos hemos cruzado en un aeropuerto francés de provincias. La gran Regina Sotorrío le sacó un titular: «Yo escribo para que me lean», y creo que así está todo dicho.

Ahora, en estas noches tranquilas de mayo leo su 'Mar de Iroise' y me acuna su forma de ver el mundo desde la poesía, desde el latido y desde el compromiso. El jurado del Alcántara lo definió como «sublime», y ya sabemos que hay una poesía sublime en nuestras coordenadas más cercanas. Una vez, Diego Medina me presentó mi poemario/novela en Madrid. Recuerdo que fui feliz y recuerdo que sentí el latido eléctrico del poeta. Sentí estar al lado de un académico y una estatua y todo un proyecto de inmortalidad. Mi relación con la poesía es personal, y me gusta llamar hermanos a mis poetas predilectos. Yo a Diego quiero verlo junto a Alcántara, cuando el solsticio. Será una señal de que no todo está perdido.