La Consti, cuarentona pese a todo

Si la Constitución se cumpliera en lo íntimo y en lo público, seríamos imparables

JESÚS NIETO JURADO

Hoy también es un día propicio para hablar de la Constitución. Claro. En tres días se cumplen cuarenta años de aquella 'Consti' de Forges que el propio Forges -creo que lo tengo escrito- dibujó con un amanecer detrás y con una sonrisa para el futuro. El futuro ha acabado por ser el que es, pero sólo hay que tirar de cien años de hemeroteca para saber que salimos de África y nos metimos en Europa en unos tiempos difíciles. Pienso en la Constitución ahora que Carlitos de Cuéntame deja la serie, y siento yo que mi tiempo quizá fue el de la Transición.

Hoy es un día histórico y, por eso mismo, conviene mirar a la Historia. Porque el olvido es la virtud de los infames, y de ésos andamos sobrados por Celtiberia. El olvido es el terrorismo de la memoria, y un error que se ha sabido democratizar muy bien.

La Constitución, dice mi maestro Raúl del Pozo, pasa también por el gol de Iniesta que fue el primer intento de Tabarnia. Y sí que es hoy el día -como cualquier otro- para hablar de la Constitución, ahora que muchos quieren borrar ese pacto, y tontean con los golpistas postcarlistas de Cataluña, y todo por tres días más tocando pelo.

La Constitución es ese café con el periódico, porque hay café y sale el periódico, y en la oficina podemos enmendarle la plana a un juez fuera de servicio cuando sabemos que no tiene razón. La Constitución es la libertad; la Constitución está escrita y sabemos que si se cumpliera en lo íntimo y en lo público, este país sería imparable.

La Constitución tiene sus caras y sus momentos, hechos una plancha monumental en la Plaza homónima de la ciudad, donde hará unos años se sentó aquella juventud sin futuro. El 15-M, que pudo ser y muchos se empeñaron en que no fuera.

Los padres de la Constitución ya no son los que fueron. Pero España parece que quiere olvidar los desvelos de Juan Carlos por ese desmelene suyo de las últimas fechas. Ocurre que la Constitución y sus próceres fueron humanos, y fumaban y tenían sus miedos y sus contradicciones; pero España 'podía ser' y 'podía ser mejor'. Y a ello se empeñaron.

Hablo de la Constitución con Juan Antonio Tirado a la orilla de un showarma egipcio. Recordamos el día que murió Adolfo Suárez y a ambos nos mandaron a Cebreros a hacer una crónica literaria del pueblo de Suárez. Nos pudo la Historia pero brillamos con el obituario.

Ahora mismo se andan con pactos, con continuidad, con heridas que se lamen y hace sol en diciembre. La Constitución brilla pese a todo, pese a que le han salido nietos díscolos que andan encabronados por el mero desconocimiento de qué fuimos y en qué pudimos degenerar. En tres días cae el primer festivo de la ristra y conviene recordar el por qué. Acaso porque, con los achaques de los cuarenta años, esta España cainita olvida uno de sus grandes hitos.

El 6 de diciembre deberíamos festejarnos. Pero será un puente más.

 

Fotos

Vídeos