Kit congresual

FELIPE BENÍTEZ REYES

Uno de los momentos más emocionantes de nuestro sistema democrático es ese en que el representante electo acude al Congreso para recoger su acta de diputado y le dan una cartera de cuero, para que sienta la ilusión retrospectiva del niño que va a la escuela, y un iPhone y un iPad de última generación, para que se sienta como un adolescente afortunado. Imagino que se trata de una maniobra de compensación psicológica por el esfuerzo que le espera, consistente nada menos que en aportar esplendor y prosperidad a la nación, tarea que se lleva a cabo con más entusiasmo si dispones de una buena cartera y de unos buenos dispositivos móviles, así sea para jugar al Candy Crush en las sesiones más soporíferas, pues de todo se ha visto. Y es que vas al Congreso con una carpetilla de cartón para guardar los documentos y con un móvil que hace fotos borrosas y, no sé, por un lado o por otro el país se resiente, por esa inclinación de todo país a ser resentido. Hay que tener en cuenta además que, en contra del criterio de algunos pesimistas, el Congreso reúne a las mejores mentes del país, las dotadas de capacidad gestora para darle prosperidad interna y lustre externo, y un país que no tiene detalles magnánimos con sus mejores mentes corre el riesgo de caer en manos de los dementes, que es lo que menos querríamos todos, incluidos tal vez los propios dementes.

Emociona, ya digo, ver a los diputados con sus atributos básicos, sonrientes como un chiquillo en la mañana del 6 de enero. Aparte del paquete tecnológico y de la cartera, los desventurados que no disponen de coche oficial salen de allí con un bono anual de 3.000 euros para taxis. Bien es cierto que no es lo mismo disfrutar de un coche oficial de color negro, con chofer trajeado de negro, en paralelo a la estética de las funerarias, que desplazarte en un taxi en el que los asientos están forrados con una esterilla más o menos marroquí y en el que es muy probable que suene la COPE, pero el caso es desplazarse. El movimiento. El dinamismo. Mientras los diputados se muevan, se moverá el país, porque ellos llevan el país dentro. En la mente. El país dentro de las mejores mentes del país. Y otra buena noticia: comoquiera que Apple va a dejar de fabricar el modelo de iPad que usan ahora sus señorías, se ha convocado un concurso para renovarlos. Poco más de medio millón de euros. Nunca un dinero mejor empleado: un país no puede estancarse en las glorias pretéritas de la tecnología.

Al margen de esto, leo otra noticia que también me emociona: en 2011, la Junta de Andalucía creó el Consorcio Guadalquivir. Desde entonces, la única actividad que tiene registrada es su fiesta de inauguración. 500 invitados. Unos 200.000 euros de coste. Las mentes. Las mejores.