Confusión

Esta es la hora en la que los políticos deberían sacar a relucir lo mejor de sí mismos

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Ayer cayeron los Presupuestos. Cayeron como un fardo, como un muñeco de serrín entre la algarabía de la derecha y la sonrisa siniestra y temerosa de los independentistas. Mientras, no demasiado lejos de la carrera de San Jerónimo, continuaban los prolegómenos del juicio a los soberanistas. El Estado como acusado de los abogados defensores. Vienen días largos. Y viene mucha confusión. Habrá elecciones. Aquí, en Andalucía, acabamos de salir de unas y todavía no se ha desvanecido su humareda. Llueven cargos. Algunos vienen con su polémica incorporada. Confusión sobre la confusión. Ni siquiera hay espacio para la perplejidad, el barullo impide el más mínimo sosiego para que el asombro encuentre espacio. El reactor de partículas políticas está en marcha, lleva demasiado tiempo en marcha. Esta es la hora en la que los políticos deberían sacar a relucir lo mejor de sí mismos. Su mayor altura de miras. Nos tememos que no va a ser así. Nos tememos que va a ser justamente lo contrario. La derecha tiende a formar un bloque cada vez más compacto por mucho que sus líderes pretendan marcar las diferencias entre sí. Ciudadanos ha quedado señalado. Primero en Andalucía con un pacto tácito con Vox que según ellos no era pacto. Luego en una manifestación unidireccional. El PP de Casado desanda el camino que en su día lo llevó a los linderos del centro. Quiere hacer de la crispación su espacio natural. Moreno Bonilla, visceral e ideológicamente ajeno a ese método, tuvo que ir a la manifestación de las banderas. Y, siguiendo ese juego de círculos concéntricos, Francisco de la Torre se ha desmarcado claramente de esa derecha de reconquistas y murallas abulenses. En otro momento no habría necesitado recordarnos sus antiguas veleidades socialdemócratas para diferenciarse de esa corriente numantina que se ha apoderado de su partido y de una colindancia con Vox, pero la confusión también llega a las puertas del Ayuntamiento. Concejales camino de la Junta y un caso -Arenal- que puede dar juego a sus contrincantes de mayo hacen que el alcalde necesite armarse de todos sus recursos, que son muchos.

Sánchez aseguró que venía a convocar elecciones. Luego dijo que venía para quedarse. Ahora las circunstancias le obligan a cumplir su palabra, a rastras. Lo obligan las circunstancias y las derechas. La de Ciudadanos, la del PP y la de Vox en la calle. Y las catalanas. Porque no hay que olvidar que los nacionalismos y especialmente todo el ámbito de Puigdemont y Torra pertenecen a la derecha. Una derecha egotista e insolidaria que actúa en beneficio propio, olvidada de los catalanes no independentistas y por supuesto del resto de comunidades autónomas que presumiblemente lastran no solo su pujanza económica sino su europeidad, su modernidad y ese cosmopolitismo adornado de tractores y payeses ultramontanos. Ceremonia de la confusión. Mañana Pedro Sánchez bajará del Sinaí y, después de haber consultado consigo mismo, nos señalará la travesía del desierto. Esa calle del infierno en la que la política se parecerá más a una tómbola que a un instrumento para la convivencia.

 

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