El color del cristal

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Ya lo dijo Ramón de Campoamor en su maravilloso poema 'Las dos linternas': «Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira», bella manera de describir que en la vida todo es subjetivo, arbitrario y relativo. Cada cual lo ve como le conviene: si usted entiende algo de catalán y ve cualquier telediario de TV3 y los compara con los informativos de las televisiones nacionales, ya sean públicas o privadas, se echará las manos a la cabeza, porque no puede haber visiones más distintas de una misma noticia. Es como Muñiz cuando habla de los partidos del Málaga en la sala de prensa. La realidad de lo percibido por una inmensa mayoría y de lo explicado por una minoría adquiere paralelismos que harán siempre imposible el encuentro. Es la libertad de expresión que dicen los seguidores de los gurús Torra y Puigdemont que no existe en España, afirmando además que este país es una dictadura, y lo afirman manifestándose libremente por las calles de Madrid reivindicando todo lo que quieren y más sin ninguna cortapisa por parte de la autoritas, que, por cierto, es la responsable última y directa por su dejación de funciones y de responsabilidades de las muchas cosas que están pasando en Cataluña, pero eso es para otro artículo. Sigamos ante una botella con la mitad de su contenido unos la verán medio llena y otros medio vacía. Los independentistas catalanes dicen que no hay libertad en España, y lo hacen con las esteladas manifestándose a voz en grito por La Cibeles; eso sí, si a alguien se le ocurre ir con una bandera española por medio de la Diagonal o de Las Ramblas, lo pueden detener por «provocación y alteración del orden público», lo cual ya es el colmo del sectarismo de las rebuscadas mentes 'torristas'. Por eso me encanta que Alfonso Guerra salga a la calle y diga lo que Pedro Sánchez no es capaz de decir sobre la situación que se vive en Cataluña, porque, no lo neguemos, espera los votos de los Rufianes y compañía para seguir en La Moncloa, que le ha cogido gusto, como tantos. Podemos dice que la política no debe pagar bien. ¿Por qué? Duden de sus buenas intenciones, que lo que quieren es que ningún profesional de fuste abandone su actividad, la que le da de comer, y pase a hacer política y gestionar miles de millones de euros con sueldos irrisorios. Pero ya se sabe, el color del cristal que depende de las dioptrías de cada uno, porque cada cual lo ve de manera distinta, porque basta darse una vueltecita por Málaga para ver que la única mujer que va como cabeza de lista al Congreso (en una lista con posibilidades, ojo) es la de Vox, atacado por los demás por el papel que otorga a las mujeres entre otras cosas, en lo que se podría definir como el antilogismo en su máxima expresión. Lo mismo que Gaspar Llamazares, consumado comunista e histórico activista político de izquierdas, que ya es un 'facha' porque no comulga con las tesis de la IU de Alberto Garzón. Es el color del cristal, el mismo que nos advierte que las primarias, lejos de ser el 'máximum' democrático en los partidos, los rompen, porque nunca hay 'todos iguales', sino que siempre habrá vencedores y vencidos. Es la historia del mundo. «Las primarias en los partidos acaban generando cierto cesarismo que no es bueno», Alfonso Guerra dixit. Y algo de eso sabe el veterano y añorado político.