A Colón a ver a Julia

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

El republicanismo, que es un ideal de virtud cívica, exige estar dispuesto a defender a la patria con las armas, sacrificando tu vida si es menester. Así que, por patriotismo republicano, el mismo de Cicerón, hice la mili en lugar de hacerme objetor de conciencia como muchos de mis amigos. Me tocó hacerla en el Regimiento de Artillería Lanzacohetes de Campaña de Astorga (León), allá por los años 1983 y 1984. Tuve la fortuna de caer bajo el mando de un buen capitán, que supo ver mi compromiso con la patria por encima de mi ineptitud en los ejercicios de tiro, pero tengo muchas dudas de que aquel año mi vida fuera muy útil a España. Posiblemente lo fuera vitalmente para algunos chicos que nunca habían salido de su casa, aunque creo que esa función la cumple mejor, y más productivamente para los jóvenes y para España, un año de Erasmus.

Doce años después de licenciarme, tras las elecciones generales de 1996, el líder de los nacionalistas catalanes, Jordi Pujol, le exigió al señor Aznar, entonces candidato a la presidencia del Gobierno de España, la supresión del servicio militar obligatorio a cambio de votar su investidura. Pujol obtuvo lo que pedía, y en catalán, por supuesto. Para ser justos, Aznar no le hizo a Pujol esa concesión porque sea un pacifista convencido. En aquellos años ya existía un amplio consenso en que la evolución tecnológica y el tipo de amenazas a las que debía hacer frente nuestro país aconsejaban la profesionalización de nuestra defensa. De modo que Aznar le concedió a Pujol algo que los españoles debíamos hacer de todos modos. Es verdad que Pujol no lo pedía por eso. Seguramente pensaba que las guardias a las tres de la mañana con la nieve a la altura de las rodillas reforzaban el amor a España de los mozos catalanes, y quería quitarles la tentación. Sin embargo, en eso estaba tan completamente equivocado como cualquier gilipollas que piense lo mismo. Según la encuesta preelectoral del CIS de las elecciones de 2017, un 25% de los catalanes que tienen entre 55 y 64 años, es decir, los que fueron a la mili, se consideran exclusivamente catalanes sin pizca de identidad española, frente a un 24% de los que tienen entre 25 y 34 años, es decir, que hacer la mili, o no hacerla, no marca la diferencia generacional a la hora de sentirte exclusivamente catalán. Claro que esto no lo sabía Aznar cuando cedió ante Pujol.

No quiero pensar la que hubieran organizado en la plaza de Colón de Madrid los señores Abascal, Casado y Rivera si un presidente socialista hubiera pactado con un nacionalista la supresión del servicio militar obligatorio. Lo que hoy está en peligro no es la unidad de España, sino la convivencia entre los españoles de una región de España que es Cataluña. Sin duda, la mayor responsabilidad en el problema, no la única, la tienen los independentistas, pero, desde luego, si alguien está en la parte de la solución son los socialistas. De modo que si hoy merece la pena ir a Colón es a ver a Julia, la maravillosa escultura del artista barcelonés Jaume Plensa y no a hacerles el juego a estos tres.

 

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