COLÓCANOS, POR TU MADRE

Con solo algo más de un 30% de las empresas y entes públicos examinados nos han salido más de 9.000 empleados que no son funcionarios

GUILLERMO VILLALOBOS

Los nuevos cargos prometieron que habrá menos cargos nuevos» (Alcántara dixit), y redujeron un poco los puestos de libre designación al montar la estructura de las consejerías. Quedaba para las auditorías la mastodóntica administración paralela que es, al ejercicio público, como aquellos señores antiguos que mantenían dos familias a la vez con los ingresos de un mismo trabajo. Ya las cifras se supieron la semana pasada. Con solo algo más de un treinta por ciento de las empresas y entes públicos examinados nos han salido más de nueve mil empleados que no son funcionarios, pero que gozan de muchas de las ventajas de trabajar para el Estado. El consejero Bendodo tranquilizó a los susodichos, «no habrá despidos políticos», dijo, como si hubiese otra forma de echar a aquellos que obtuvieron su trabajo mediante un contrato político. Quizás tema estropear las buenas cifras del paro.

Al que sí le han dado el pasaporte ha sido al exministro socialista Bernat Soria, que cobraba el sueldo más alto de la Junta, superando con creces el del propio presidente y el de los consejeros, mientras mantenía ocupaciones claramente incompatibles con su contrato y aparecía poco por nuestra tierra. Por escandaloso, y ejemplarizante, no ha habido en este caso problema alguno en materializar el despido político de un político que hacía las veces de investigador.

Entre tanto, se supo de un nuevo nombramiento. Enric Millo, que fuese delegado del Gobierno en Cataluña con Rajoy, se convertía en secretario general de Acción Exterior de la Junta de Andalucía. No sabemos si por «acción exterior» se entiende también reconquistar Gibraltar para la monarquía hispánica, pero resulta un tanto curioso que el nuevo gabinete fiche a extracomunitarios tras las denuncias constantes de enchufismo. Bendodo ha defendido los nombramientos de cargos cualificados «vengan de donde vengan», por lo que no podemos descartar que en un futuro San Telmo parezca la corte de Carlos V y a Moreno se le subleven los comuneros.

Los de Vox amenazan, pero no hacen daño. Tras hacerse los dignos tras ser situados por Casado en la extrema derecha, volvieron al redil sin muchos problemas, pero sacaron las uñas con el nuevo nombramiento acusando al PP de «colocar a amigos». Susana Díaz calificó el fichaje de «bochornoso», olvidándose de los miles de bochornos bajo su mando. Su partido criticó la falta de vinculación de Millo con Andalucía, lo que provocó que varios medios nacionalistas acusasen a los socialistas andaluces de rozar la «catalanofobia». El independentismo, esa manía de primates (Alcántara de nuevo), es capaz de defender a un hombre de Soraya con tal de volver a la senda del victimismo.

Escribió el intelectual comunista Antonio Gramsci que «la indiferencia es el peso muerto de la historia». No se puede decir que el nuevo gobierno se haya mostrado indolente o indiferente durante estos cien días, pero parece que algunos vicios no cambian. Allá por los inicios de la autonomía Carlos Cano cantaba: «¡Colócanos!, por tu madre, ¡colócanos!». Parece que el rezo sigue sonando en algunos despachos.