Coincidencia milagrosa

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Uno puede tener convicciones firmes y una formación que lo invite a entender el mundo desde el agnosticismo, pero cuando se produce una situación milagrosa se puede sentir empujado a salir en procesión para agradecer a la Providencia.

Uno puede ser radicalmente escéptico y mirar con cierta condescendencia a quienes creen en los milagros, pero lo que ha pasado esta semana en Marbella debería servir para convencer, definitivamente, hasta al más incrédulo.

Sucedió que hace diez años se decidió que había que ampliar el hospital porque en Marbella, donde como todo el mundo sabe sólo hay ricos y turistas, la gente también tiene la costumbre de ponerse mala. Como no se trata de invertir fondos públicos en un lugar donde a todo el mundo le sobra el dinero, alguien en la Junta tuvo la brillante idea de que las obras se podían hacer sin inversión. Bastaba con adjudicárselas a una concesionaria a cambio de cederle la explotación del aparcamiento subterráneo. Para que la idea funcionara había que taponar cualquier posibilidad de que los coches pudiesen aparcar en superficie, de manera que el uso del parking fuese obligatorio. Cuando las obras iban por la mitad, el plan empezó a hacer aguas. El Ayuntamiento no vio con buenos ojos que el personal fuese obligado a pasar por caja para aparcar, y hasta algún exagerado dijo que pagar por usar el parking era lo mismo que pagar por ir al hospital. El asunto se enconó y las obras se pararon. Y así estuvieron no uno ni dos, sino ocho años.

La situación, según explicaban desde la Consejería de Salud, era endemoniada: dos administraciones y una concesionaria implicadas, demandas cruzadas en los tribunales, esa misma concesionaria en proceso de liquidación tras atravesar un concurso de acreedores y la desesperanza más absoluta ante un panorama que solamente se podía resolver como se resuelven estos problemas, poniendo sobre la mesa una cantidad de dinero público que Marbella no ha visto en mucho tiempo.

Y sucedió que repentinamente, después de ocho años de paralización, el dinero apareció y la Junta se comprometió a hacer la inversión para acabar la obra, como si Marbella fuese una ciudad como cualquier otra y no un refugio de ricos. Y todo eso el mismo día en que Susana Díaz y Pedro Sánchez daban un mitin electoral ahí mismo, lo que dio la oportunidad a un dirigente socialista de decir a cinco días de las elecciones, que «cuando Susana viene a Marbella lo hace con un pan bajo el brazo».

Que ningún incrédulo en la Junta Electoral quiera ver en esta alineación planetaria una burda maniobra demagógica. Es que las causalidades existen. Y los milagros, por lo que se ve, también.

 

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