Tiene un CIS y cocina...

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Eso de la 'cocina del CIS' (Centro de Investigaciones Sociológicas) se ha convertido ya en un clásico. No hay ni una encuesta que no saque en la que todos los afectados, de una u otra forma, incluso los que 'ganan' (que para Tezanos, el jefe ahora del CIS son los que lo mantienen en el puesto) se refieran a 'la cocina' de la misma, como si de verdad los ciudadanos, los presumiblemente interesados en el 'producto', no estuvieran suficientemente preparados para hacer ellos los análisis oportunos... O, bueno, ¡qué torpe!, no son los ciudadanos, sino los que dirigen el CIS los que deben cocinar sus datos. Lo cierto es que estas encuestas llegan en el peor momento (mundial, no sólo en España) de los sondeos de opinión, que aciertan menos que servidor en el Euromillones. Pregúntenle al los del Brexit, o los del Trump, que no se sabe qué es peor, pero lo cierto es que los últimos vaticinios de los gurús de estos campos se han estrellado con la realidad de los datos cuando las papeletas terminaron de contarse en elecciones y referéndums...

Unos y otros pueden estar de acuerdo con el CIS, con su cocina y con sus jefes de sala, pero lo que es evidente, e innegable, es que entre unos y otros (los partidos) han conseguido que una institución que debería ser fuente de gran utilidad para gobernantes y gobernados haya caído en el más absoluto de los descréditos. Siempre ha ocurrido, por experiencia lo sabemos, que cuando se ha publicado un sondeo, para cualquier tipo de comicio, los que salían peor parados contestaban que «el único sondeo que existe es el de las urnas», o que «hay mucho voto oculto», o «no me lo creo hasta que no le vea»... mientras que el apuntado ganador reflexionaba con la falsa modestia del «hay que tener prudencia y nadie debe confiarse». Pues bien, ahora, con el CIS no se fían ninguno, ni el PSOE, ni el PP, ni Ciudadanos, ni Podemos, ni Vox, ni siquiera PACMA, y eso, la verdad, es que es un logro así tan difícil de conseguir como el de acertar.

Sea como fuere, lo cierto es que Tezanos y sus chicos de la cocina se la juegan porque es la primera vez que sus pronósticos tendrán una respuesta absoluta en apenas dos semanas: o sea que el día 2 por la noche se verá si lo hacen bien o son, como dice la oposición, un cúmulo de manipuladores que cambian los resultados a su antojo y semejanza.

No me atrevo a decir nada del CIS, aunque no me guste que el máximo jefe de un centro de estudio sociológico sea un militante acérrimo de un partido con más de 40 años de carné, que puede estar muy bien, pero que no parece sea la asepsia necesaria para su sillón.

El CIS, eso sí, ha marcado el comienzo de la campaña andaluza, y lo ha hecho sin darse cuenta o a cosa hecha, lo que aún engrandece más su áurea sospechosa de no saber bien si suben o bajan, si cocinan a fuego lento o si achicharran la 'comida', pero en suma, hay cierto tufillo en todo esto que no aporta nada positivo delante de una sociedad que está hasta la coronilla de manipuladores y vendedores de elixires de la juventud. El CIS se juega mucho, más de lo que se cree el propio Tezanos. El día 2, la respuesta.