LA CLOACA DEL RÍO GUADALHORCE

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Qué gran verdad es que una imagen vale más que mil palabras. La fotografía que ilustraba el jueves la primera página de este periódico en la que se apreciaba el vertido de aguas residuales al Guadalhorce era descorazonadora. Que en pleno siglo XXI se sigan produciendo este tipo de vertidos nos retrotrae a aquella España subdesarrollada de donde las calles formaban parte de la red del alcantarillado de los pueblos. Afortunadamente, en las vías públicas ya no se da esta situación, pero es indigente que aún haya tuberías de aguas fecales que continúen siendo afluentes del Guadalhorce. No sólo en las playas se da el problema del saneamiento, porque estas aguas fluviales están afectadas por la falta de depuración. Causa estupor comprobar cómo el Guadalhorce baja limpio y es en la altura del valle del Guadalhorce donde se convierte en turbio. Es una vergüenza que el agua residual de 130.000 malagueños no se trate. De nada han servido los avisos de la Unión Europea. Esta es una de las grandes tareas pendientes en la provincia, que necesita una inversión cercana a los cuatrocientos millones de euros para completar el saneamiento integral que tanto daño hace a las playas, pues no hay que olvidar que el Guadalhorce al final desemboca en nuestras costas. Pues bien, sólo se han invertido unos 20 millones, apenas el 5% de lo que se considera imprescindible. El problema es que todo se debe a la inacción de las administraciones autonómica y central. Y lo peor de todo es que hay dinero para hacerlo. O debería de haberlo, porque todos los ciudadanos pagamos en el recibo del agua el llamado canon de depuración destinado de una manera exclusiva a este tipo de obras. En la provincia se han recaudado nada menos que 200 millones. Para eso han sido unos fenómenos. Ojalá fueran tan diligentes como lo son a la hora de cobrar. Este tema suele aparecer a golpe de titulares y después vuelve a caer en el olvido. En un lamentable olvido. La anterior gestión del gobierno de la Junta ha sido desastrosa en este sentido. Pero eso ya es pasado. No vale con culpar la etapa socialista para no hacer nada cara al futuro. Este asunto requiere de la misma determinación con la que se ha actuado en el asunto de las listas de espera, que en apenas un mes se han reducido casi un diez por ciento gracias a un plan de choque. Eso es precisamente lo que se necesita en este ámbito. De nada sirve que a los responsables se les llene la boca de la importancia que tiene el medio ambiente y de conseguir la sostenibilidad si las tuberías siguen vomitando agua sucia a los ríos y a las playas. Hace falta un plan serio y urgente para desbloquear las depuradoras que siguen pendientes en la provincia. Hay que hacer el mayor de los esfuerzos para evitar que el río Guadalhorce siga siendo una cloaca.