La ciudad extrema

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Málaga no es ciudad de tonos intermedios. Aquí vamos del blanco al negro con una facilidad pasmosa, sin darnos cuenta de que hay muchos tipos de grises, y que no es oro todo lo que reluce. Recuerdo una frase de mi añorado profesor de Historia del Arte, Agustín Clavijo, que murió siendo muy joven y con mucho por hacer, en el ejemplo de ese extremismo malaguita: «Aquí pasamos de ir detrás de los curas para quitarlos del medio o en procesión bajo palio, y posiblemente serán muchos los mismos que irían en uno u otro 'cortejo'»; en un ejemplo exagerado sin duda pero que define muy a las claras la forma de ser que habita en esta tierra de nuestros amores. Aquí pasamos de buscar turistas a intentar esquivarlos, de pedir vida para el centro a que nadie pase por sus calles, de abordar un metro multimillonario que nos trae a todos de cabeza cuando no había necesidad... Somos abonados, posiblemente como estas mismas frases, al extremismo, porque parece que va en nuestros genes, en nuestra forma de ser. Cuidado, que ese ir de un lado a otro sin pasar por el medio tiene muchas cosas malas, sin duda, pero también muy buenas: es en Málaga donde la misma curia echó a los cofrades de las iglesias y de ello surgieron sus monumentales tronos, y también donde pasamos de no tener playas a contar con kilómetros de ellas, de no mirar a Picasso a engancharnos a su figura como nadie en el mundo y conseguir un puesto privilegiado en el turismo cultural, o de ser ciudad dormitorio de la Costa del Sol a lo contrario... En lo bueno y en lo malo, pues, nos movemos pendularmente y, dependiendo del tema, con virulencia. Se echa en falta un término medio, una posibilidad de discusión serena, pero sobre todo cierta mesura en los que tienen una opinión distinta a la de otros. El ejemplo más claro está en el proyecto de la torre del puerto, que surge de una iniciativa privada que busca los requisitos legales que permitan su construcción. A priori es una obra más de las muchas que se han hecho o proyectado en Málaga, y no todas hay que decirlo, afortunadas. Pero en torno a este proyecto, que como todos tiene sus defensores y detractores, surge un círculo de opinión que no sólo se muestra contrario al mismo, sino que ataca de forma virulenta y desmesurada a quienes están a favor, o, al menos, no han mostrado su negativa al mismo. No somos pocos los que creemos que si cumple con la legalidad vigente y con las normas establecidas, la torre puede ser una importante realidad para Málaga, pero no por ello somos menos de Málaga, más detractores de su imagen o unos puñeteros interesados en no se sabe bien cuántos negocios o dádivas. La torre es, se quiera o no, un proyecto más, y si las premisas exigidas legalmente a todos los demás se cumplen, no hay motivo para echarlo para atrás, pero no por eso los que mantenemos esta posición tenemos que ser insultados y agraviados por los que, respetuosamente por mi parte, opinan lo contrario. Las redes sociales tienen mucha culpa de esas virulencias verbales, pero en el fondo lo que hacen es transmitir los extremismos. Respeto para unos y para otros. Para todos. Y si cumple todos los requisitos, que cada uno aguante su vela...Así, sin más.

 

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