La cita decisiva

Sería imperdonable que Sánchez e Iglesias salieran de la reunión del miércoles manteniendo el suspense

La reunión que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tienen prevista el miércoles, a doce días de la fecha límite para la investidura del 23 de septiembre, se anuncia como el momento decisivo de una legislatura que podría quedar en nada. Desde que se celebraron las elecciones el 28 de abril, harán pronto cinco meses, el líder socialista ha insistido en que solo él podía verse investido presidente, lo que le ha llevado a transferir a los demás partidos la responsabilidad de que el país cuente con un gobierno «cuanto antes». Una lógica elusiva a la que pueden apuntarse sus seguidores, pero que en ningún caso tiene que comprometer a las otras formaciones. Porque hay un principio superior. En toda democracia parlamentaria no presidencialista corresponde al aspirante a presidir el Consejo de Ministros la tarea de labrarse la mayoría necesaria mediante la correspondiente transacción programática y, en su caso, la propuesta de un poder compartido. Tras el escrutinio del 28-A, y con mayor peso tras el fiasco de julio, hay una pregunta insistente cuya respuesta no puede soslayar Pedro Sánchez. ¿Cuál es su preferencia? ¿Lograr la investidura a partir del apoyo de Unidas Podemos o ir a elecciones el 10 de noviembre? Sus palabras a favor de lo primero -el sábado mentó sorpresivamente la derogación de la reforma laboral- no han resultado hasta la fecha tan convincentes como para sobreponerse a una sucesión de hechos que señalarían lo contrario. Desde el primer momento, una vez se conoció que los socialistas contaban con 123 escaños en el Congreso y con mayoría absoluta en el Senado, Sánchez simultaneó emplazamientos hacia su izquierda y hacia el centro. Recabando apoyos para la investidura, sí; pero sobre todo intentando ampliar la anuencia hacia las aspiraciones de su socialismo, ante lo que Iglesias y Rivera improvisaron respuestas defensivas que pudieran allanar el camino hacia una nueva convocatoria electoral. Los resultados del 28-A llevaron a Sánchez a concluir que la gobernación de España debía materializarse según sus condiciones, esgrimiendo la estabilidad como un bien común del que se erigía en único intérprete. Hay tantas razones para pensar que el líder socialista prefiere nuevas elecciones a una investidura de circunstancias que su cita del miércoles con Iglesias se presenta como el momento que despeje la incógnita. Es más, sería imperdonable que Sánchez e Iglesias salieran de la reunión manteniendo el suspense cuando ya deberán saber cuál es el desenlace.