Ciencia e ideología

La ciencia avanza a lo que Eric Kandel llama Nueva Biología de la Mente, abriendo el camino a la integración de ciencias físicas y humanísticas

Ciencia e ideología
JUAN M. AGUILAR HURTADOCoordinador de la Unidad de Salud Mental Infantojuvenil del hospital regional

Roger Penrose en 'Moda, fe y fantasía en la nueva Física del Universo' plantea la complejidad de los debates en Física; hoy nos inspira para acercarnos a la diversidad de paradigmas en las disciplinas de la salud mental a caballo entre lo físico y lo humanístico.

La suspensión de las Jornadas sobre infancia y adolescencia de Vélez-Málaga por la polémica asistencia de Marino Pérez Álvarez me obliga como responsable del programa de salud mental infantojuvenil del HRU de Málaga a expresar mi opinión. Ante todo, lamento profundamente que estas jornadas no se celebren y no se alcance un acuerdo satisfactorio entre Ayuntamiento, Hospital Comarcal, Asociaciones de afectados y Comité Organizador. El año pasado fui invitado al encuentro comprobando el éxito de convocatoria de los organizadores y su interés. Este fracaso ha servido de apertura a un debate en redes y prensa tan propio de los tiempos que vivimos. Trataré de dar respuesta a si este trastorno o sus detractores responden a la moda, a la fe o a la fantasía.

El 14 de abril Marino Pérez Álvarez, expone en este periódico su opinión sobre la inexistencia de dicha patología. Revisando su teorización veo con estupor cómo desacredita la ingente información publicada en prestigiosas revistas, la labor de miles de profesionales a nivel mundial que tratan de clarificar la problemática que presentan estos niños, tarea que incumbe a psicólogos, psiquiatras, neurólogos, pediatras, epidemiólogos, genetistas, etc. Más de 30.000 publicaciones indexadas sustentan su conceptualización. La descalificación se basa en la inexistencia de biomarcadores, la supuesta caída de prestigio del DSM V, señalando que son creaciones ligadas a los intereses de la industria farmacéutica.

Efectivamente TDAH es una construcción, de la misma forma que la mayoría de los trastornos, enfermedades y síndromes, son constructos que permiten entender la realidad que estudiamos; la complejidad provoca que necesitemos estructurarlas en conceptos abordables sustentados por el conocimiento científico del momento susceptible de cambios. También lo son todos los conceptos de cualquier corriente psicológica desde el inconsciente freudiano hasta el condicionamiento operativo, desde el super yo hasta la reconstrucción cognitiva o la resiliencia.

La ciencia avanza a lo que Eric Kandel llama Nueva Biología de la Mente, abriendo el camino a la integración de ciencias físicas y humanísticas. El cerebro es el más complejo sistema del universo, cien mil millones de neuronas y un cuatrillón de sinapsis, en continua transformación; educación, vivencias, conflictos, amor y odio modificaran su estructura y función; mágicamente la lectura de este articulo provocará que el cerebro del lector cambie. Por ello podemos invertir los términos que planteaba Descartes «Pienso luego existo» a un nuevo «Existo luego pienso». La mente es el producto de este complejo y maravilloso cerebro humano; amar y odiar, altruismo y crueldad son productos de un órgano constituido a lo largo de millones de años de evolución. De tal forma que podríamos decir en oposición a Marino Pérez que sí, que al cerebro de estos niños les pasa algo, de la misma forma que también le pasa cuando nos enamoramos, nos asustamos o nos dejamos manipular. Pero esto no significa que sean enfermos en un sentido peyorativo, sino que presentan diferencias que hay que apoyar y desestigmatizar. Ante tal complejidad sería ingenuo descubrir pronto biomarcadores, pero tampoco tenemos en diversas enfermedades que nadie duda de su existencia como el Parkinson y las Demencias.

El debate no es, si existe o no el TDAH. El debate es sobre cuáles son los límites del constructo, cuáles las actuaciones a realizar, las indicaciones precisas de tratar farmacológicamente, o con otras terapias, que profesionales deben tratarlas, etc. y eso es el día a día de la Ciencia, aunque todavía no tengamos respuestas totalmente cerradas. No podemos descalificar el trabajo, dedicación, preparación, interés, de tantos profesionales y menos plantear el uso de medicación como un dopaje, término reservado para el uso ilícito de sustancias químicas para mejorar una actividad humana, generalmente deportiva, y punible desde un punto de vista legal, no se debiera poner en la ilegalidad a tantos prestigiosos profesionales.

La industria farmacéutica es central en su argumentación, dando por ello validez a dos cuestiones, la presión ilícita que ejercerían sobre las investigaciones, y la influencia de ésta en los profesionales. Es cierto que existen conflictos de intereses, que deben ser declarados, estando sometidos a un control estricto en los países occidentales. Pero también se dan cuando se defienden postulados que están en un libro que se anuncia como justificante de dicha argumentación y que da dividendos al profesional; en ambos casos hay legitimidad en la ganancia. La industria del 'parenting' de la que habla Alison Gopnik Psicóloga de Berckeley, tiene más de 30000 libros y gran capacidad de presión para focalizar el problema en unas supuestas disfuncionalidades en los padres.

Una última reflexión, los padres son los pilares fundamentales que asientan el presente y el futuro de los niños, y no puede haber ninguna concepción teórica, científica o ética, que no esté junto a ellos, trabajar contra o frente a ellos hace inviable cualquier construcción terapéutica.

En clínica necesitamos sumar esfuerzos, ideas, planteamientos y no enfrentamientos, conflictos y descalificaciones que no llevarían más que a un empobrecimiento de lo que llamamos Salud Mental Infantojuvenil, no obstante debatir es crecer, enriquecer, pero desde la ciencia, no desde la ideología.