Ni chicha ni limoná

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

No va a ser la presente una campaña municipal en Málaga para hacer tesis doctorales, ni mucho menos. Los días van pasando sin que las agendas políticas despierten el interés de los ciudadanos, al menos a simple vista. Las convocatoria se han convertido en simples actos minoritarios o en un 'puerta a puerta' porque apenas hay auditorios, y si no fuera por detalles (nimios muchos de ellos) no parece que estemos en plena campaña para unas elecciones tan importantes, porque nos jugamos cuatro años de forma de vida de la ciudad o del pueblo en el que vivimos, de nuestra propia casa porque elegimos a «quienes regulan los semáforos de nuestra calle», que solía gustar decir a Pedro Aparicio.

De siempre se ha dicho que en las municipales son unas elecciones 'distintas', pero no por ello significa que sean menos interesantes o importantes, como así parece demostrar el que tenga un índice de participación bastante inferior a cualquier otro comicio, salvando los europeos (que por eso se procura que no vayan solos nunca, claro). Aquí, en la cita electoral para un ayuntamiento pesan más los nombres y las personas que las siglas, y la prueba está en que es difícil desbancar a un alcalde (cualquiera) a poco que su gestión haya sido aceptable, que ni siquiera brillante. El peso de la máquina del que manda suele ser tremendo en los municipios, y es mayor conforme más pequeños son estos. En las grandes capitales, como Málaga, pesan muchos conceptos, pero también la cercanía: en las municipales de los 80 y 90, los barrios solían estar plagados de fotografías de vecinos de los mismos que figuraban en tal o cual candidatura, independientemente del número que ocuparan. Eso daba idea de lo distintas que son estas elecciones, de lo importante que son los nombres en barrios o distritos a la hora de llamar a la gente a las urnas para pedir tal o cual voto. Ahora, dependiendo la fuerza de cada partido en cada momento, se apela más a las personas que a las siglas o viceversa. Se olvidan muchas veces los candidatos que lo que hay que ofertar es un modelo de ciudad, y no hacer un montón de promesas aisladas de tal o cual índole en aquella o en la otra zona de Málaga, y en ésta actual pocas veces (siendo generosos) hemos escuchado alguna propuesta globalizadora y a medio plazo de lo que quiere hacer con Málaga cada uno. Es un debe importante sobre todo para los que aspiran a desbancar al actual regidor, que sabedor de su popularidad y del trabajo realizado usa su nombre como marca, mientras que los demás, sin hacer esa contraoferta personal, suman sus nombres y rostros a las siglas de sus respectivos partidos.

Sea como fuere, la campaña está siendo insulsa, y eso no es bueno para los que aspiran. Faltan ideas, sobran promesas absurdas y no hay estrategias que sorprendan a casi nadie. Nos estamos aburriendo, sin duda; esperemos que no se note en las participación... En fin, una campaña sin chicha ni limoná.