Chantajes

El extranjero

El roce hace el cariño. Así que mejor que Sánchez y Torra sigan viéndose

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Un visionario literario, analizando a Oscar Wilde y su obra, decía que el amor es chantaje por esencia, y que Wilde sabía mucho de eso. Por ese camino quieren ver muchos analistas, no de lo literario sino de lo político, la reunión de Pedro Sánchez y Quim Torra. La fuente de Guiomar sirve de remate para la leyenda. Pedro y Quim no grabaron sus nombres en un árbol, pero ya tienen su siguiente cita acordada. A la derecha recalcitrante y a los portavoces de Ciudadanos la cosa les parece fatal. Lo mismo que a la gente de la CUP y a los soberanistas más sulfúricos. Lo cual quiere decir que la cosa es positiva. Los recalcitrantes se han quedado sin discurso. O fingen ser sordomudos o les dan a la manivela del organillo. Han optado por la opción monocorde. Los de Ciudadanos bastante tienen con seguir de pie. Están catatónicos. Después de la moción de censura se encuentran en esa tierra sin nombre, la de los zombies, ni vivos ni muertos. Viviendo sin vivir en sí, ellos que ya se veían rumbo a la fuente de Guiomar y tatuando allí, por todos los árboles, su amor a España.

En qué quedarán los amores de Pedro y Quim no se sabe. La historia es complicada y desde luego no parece que acabe en matrimonio. El divorcio, sin embargo, es imposible. De modo que toca convivir y, dado que eso va a ser así, mejor hablarse que andar todo el día tirándose los platos a la cabeza o sin dirigirse la palabra, aumentando en silencio la pelota de agravios con sus respectivas familias, a veces mucho más radicales que la propia pareja en conflicto. El roce hace el cariño. Así que mejor que Sánchez y Torra sigan viéndose. Y que hablen sus cuñados, es decir, sus vicepresidentes, y sus primos, ministros, consejeros, y toda la parentela. Una parentela que somos todos, andaluces, catalanes, gallegos o murcianos.

Todos con ese chantaje, esos lazos que atan voluntariamente a la gente. Los países no son clubes de fútbol. Cataluña no es Cristiano Ronaldo, que se siente poco querido y se va a otra parte. Ese es un chantaje pedestre, de adolescente y eminentemente narcisista, que en el fondo es lo que es este futbolista. Parte del independentismo catalán se ha movido y se sigue moviendo por ese mecanismo primario. España no les daba lo que les correspondía, les estaba sisando. Ellos merecen más. Como el megalómano portugués se consideran jóvenes, ricos y guapos, mucho más que el resto de los españoles y desean cortar con la meseta casposa que no se inclina a diario a sus pies. Bueno. A Ronaldo un taimado como Florentino le puede abrir la puerta. A Cataluña no. La primera que no se la abre es Europa, porque Europa no es la Juve y, además ya tiene fichada a Cataluña, sin cláusula de recisión y como jugador estrella de España. Así que mejor tener la fiesta en paz y caminar de la mano hasta la fuente de Guiomar o hasta donde haga falta.

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